domingo, 31 de mayo de 2009

Pentecostés

Pentecostés es festividad de la Venida del Espíritu Santo que celebra la Iglesia el domingo, quincuagésimo día que sigue al de la Pascua de Resurrección, contando ambos, y fluctúa entre el 10 de mayo y el trece de junio ( RAE ).
Es la tercera gran fiesta del año litúrgico. Es la tercera Pascua, el pasar Dios cerca de su pueblo y recrear la vida.
Ese día de repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en todas las casas donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras... y a cada uno los vimos hablar de las maravillas de Dios en nuestras propias lenguas ( He 2, 1 - 11 ).
Dios se manifiesta en favor nuestro, de nuestra vida, de nuestra esperanza. Y nos dice que, permaneciendo unidos a El, a su Hijo amado y al Espíritu Santo, no obstante las diferentes lenguas, estaremos todos los cristianos en el mundo amando a Jesús. Como un sólo cuerpo con sus distinto miembros, sus diferentes dones, sus distintos ministerios, y nos dará, el Espíritu Santo, alegría, esperanza, en cualquier circunstancia, por grave que sea. Un ejemplo, de cristianos convencidos eran los primeros cristianos que reían cuando eran sacrificados. Hay que ser creyente, cristiano profundo, de convicción, y nadie podrá quitarle la esperanza, la vida y la alegría de vivir.
El viento del Espiritu Santo crea la Iglesia, guía, da vida. Hay que permanecer fiel a ella, y ser como el discípulo amado de Jesús que, siempre, permaneció a su lado.
Es el espíritu de cuerpo que nos permite la fraternidad. No mirandonos a nosotros mismo sino mirando siempre a Jesús. El nos une, con el Espíritu Santo que nos dejó.
Los discípulos hoy, los seguidores de Jesucristo, inspirados en el Espíritu Santo, debemos tener siempre alegría, ánimo, entusiasmo, esperanza, y llevar a todos, en las distintas lenguas, el mensaje del Reino, de la buena nueva, de la salvación.
Nada que haga un tirano, un dictador, cualquier hombre, podrá atemorizar al Espíritu de Dios.
Todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu y todos hemos bebido un mismo Espíritu. Que todos ustedes reciban el Espíritu Santo y que El esté siempre con ustedes y con mi espíritu.
Pra. Lectura: He 2, 1-11
Sal 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
2da. lectura: 1 Co 12,3, 12-13
Ev Jn 20, 19-23

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Juan Manuel Estrada
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