lunes, 3 de junio de 2013

La Globalización y sus efectos

Dedico estas notas a Alba Marina Vergara Ruiz, mujer cristiana católica, comprometida con Dios, que es amor.
Durante los días 3, 4 y 5 de mayo, de este año que corre velozmente, se celebró en Lagunillas, Mérida, un encuentro de católicos, titulado, La animación bíblica de la pastoral, organizado por la Escuela Provincial de Animadores Bíblicos de la Pastoral (EPABP), Diócesis de El Vigía San Carlos del Zulia, Secretariado Diocesano de Catequesis, Animación Bíblica de la Pastoral, Venezuela, Provincia de Maracaibo y la CEV.
En ese interesante evento, donde se hizo énfasis en lo de pastoral bíblica orgánica que, fundada en la Palabra de Dios, es savia de las ramas que forman el cuerpo (la Iglesia) y que corre por el tronco de éste, se abordó, entre otros temas, el de la globalización y sus efectos.
La sociedad postmoderna “está determinada por la globalización y el secularismo, realidades innegables” (DA, 60- 61; 64; 67). Este último, “debilita el sentido de Dios y su providencia, pues destruye los referentes religiosos de la existencia. Sin embargo, la sociedad secularista no es capaz de destruir la búsqueda del “sentido de la vida” ni de trascendencia del ser humano que cada vez se satisface al margen de las instituciones religiosas” (DA, 47), que elude el dolor, el sacrificio y se esmera en la inmediatez de los logros personales.
Consecuencia de esa desvinculación, es por lo que estamos en presencia de un católico bastante indiferente a la conducción de los pastores, y ese indiferentismo va más allá. Se trata de un hombre o una mujer  individualista, sólo o sóla, no obstante los poderosos medios de comunicación, viviendo como autista,  importándoles poco la sociabilidad y las relaciones personales.
En Mérida, una distinguida dama, en casa de una no menos distinguida familia, amiga de quienes animan un club de amigos de por vida, que se reúnen anualmente para celebrar la amistad, me decía que, no obstante los efectos positivos de la globalización, estos no han sido los de amistad, fraternidad, de contacto personal con Dios, con la familia, con los vecinos, con los amigos y con la sociedad, ni los de favorecer la economía de los pueblos y de los trabajadores, y que se han concretado a beneficiar, sin normas algunas, ni ética, a las finanzas de grupos poderosos y MCS, que atienden los intereses de éstos. Me hizo saber su preocupación de los jóvenes sin futuro, que se gradúan y no encuentran trabajo. Ella reside en Sevilla, Andalucía, España.
No creo que la distinguida dama, gran amiga de esa familia, ande lejos de la realidad actual, y su opinión yo la comparto a plenitud. La globalización necesita con urgencia de un rostro más humano y de un poderoso estado de Derecho Internacional que garantice un mundo de religiosidad, de amor, paz, pan y de justicia.
Hay cosas que no se compran ni se venden: el amor y la compañía personal que permite conversar, dialogar, apreciar la belleza de la vida. Ella recuerda con alegría – las guarda – las cartas de sus amores.

Nos despedimos con un abrazo como si nos hubiéramos visto toda la vida y rogamos a Dios que algún día podamos tener la dicha de encontrarnos de nuevo. Lo mismo espero  con la familia merideña donde pernoctamos. Nos trataron como familia.

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Juan Manuel Estrada
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