sábado, 25 de julio de 2009

La multiplicación de los panes es justa distribución

Adoremos a Dios en su santo templo. Él es la fuerza y el poder de su pueblo. Invoquemos su misericordia que es infinita y nos dé sabiduría para hacer un buen uso de los bienes, a compartir el pan y a ser solidarios.
El profeta Eliseo, recibe, de un hombre que venía de Baal-Salisá, como ofrenda, veinte panes de cebada y grano tierno en espiga. Él le ordena a su criado que los reparta entre la gente para que coma.
El criado duda, no tiene fe, y se resiste. ¨¿ Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres¨? ( 2 Re 4,42-44 ).
Eliseo, lleno de fe en Dios, insiste. El criado los repartió y comiéndo todos, sobró ( 2Re 4, 42-44).
Eliseo tuvo: 1. Fe en Dios de que lo sacaría del apuro de dar de comer a esa gente. 2. Contó con la solidaridad, la colaboración, del que dió los panes. Un acto de solidaridad para que se produjera el milagro. 3. El milagro que hace Dios de que sobre, después de haber comido todos. 4. Guardar para otro momento o para otras personas, lo que sobró.
El Señor abrió sus manos generosas y cuantos comieron quedaron satisfechos.
Todos al asistir a la Iglesia, tengamos una vida digna del llamamiento que hemos recibido. Que nos soportemos mutuamente en el amor ( Ef 4, 1-6). Que después de compartir el pan de vida, en la Santa Eucaristía, salgamos a la calle, a la familia, a la sociedad, al trabajo, a compartir nuestros dones y el pan. Que compartamos la Palabra de Dios, el pan de vida y el pan material el necesario para emprender el camino.
En el Evangelio se repite lo ocurrido con Eliseo. Aquí es Jesús quien, recibiendo la solidaridad del muchacho, que llevó cinco panes y dos pescados, hizo que todos los presentes - cinco mil - comieran e hizo el milagro de que sobrara ( Jn 6, 1-15).
Tanto el profeta como el Maestro nos enseñan a hacer un buen uso del pan y extendido más allá, de todos los bienes. Nos enseña a no desperdiciar nada. Nos enseña que, en la sociedad de consumo, de un desarrollo en crisis, donde se amasan bienes, que no producen la felicidad humana, se les reparta a todos los necesitados que son millones en este sufrido planeta. Sobrará y se guardará. Con ello se hace una justa distribución de la riqueza, de los bienes, del pan, y nadie tendrá hambre de ningún bien. Triunfaría el ser sobre el tener.

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Juan Manuel Estrada
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Escritos en el Tiempo