domingo, 10 de agosto de 2008

Después de la Homilía. La oración y cómo debe realizarse

Orar es conversar con Dios. Eso hacía Jesús, siempre en un lugar apartado, sólo, ante el Padre. Generalmente, el lugar era un monte o una montaña.
La oración requiere que salga del corazón. Que se haga a cualquier hora y sin importar dónde estemos: en la casa, en un rincón apartado, en el trabajo, en el auto, o en el bus, en un mall... Se recomienda estar sólo con Dios.
Conversar con Dios para darle gracias por todo lo que nos ha conferido. Decirle, en Ti, en Jesús y en el Espìritu Santo, confío a plenitud.
Confiar es tener Fe. Es tener la actitud de caminar sin saber para dónde vamos; pero, que Dios nos conduce.
La oración, como sostiene Monseñor Gustavo Ocando Yamarte, no es para pedir. Es repito, para dar gracias por todo. Es para decir, Jesús yo te amo, en ti confío.
El Padre Ocando afirma que la oración no debe ser cosificada, lo que ocurre de sólo pedir cosas a Dios.
Pedro cuando vió a Jesús caminar sobre las olas, le pidió al Maestro que le permitiera hacer lo mismo. El le respondió: Ven.
Pedro salió caminando sobre las olas, pero vaciló, y hundiéndose en el mar, dijo a Jesús: Sálvame. Y Jesús lo salvó, pero antes le expresó: Hombre de poca fe.
Tener Fe es olvidarse de uno mismo, de las angustias, de los miedos, de las tristezas, de la mala situación económica, de la inseguridad y de la incertidumbre...
La oración no es rezar. Es hablarle a Dios de lo que nos afecta, de la alegría, de todo...

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Juan Manuel Estrada
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