domingo, 27 de abril de 2008

Despuès de la Homilìa. La necesidad de predicar

La Liturgia de la Palabra se fundò hoy en Lectura del Libro de los Hechos de los Apòstoles 8, 5-8, 14-17; en el Salmo 65; En 1Pe 3, 15.18 y el Evangelio segùn Jn 14, 15.21.
En sìntesis, se basò en el Espìritu Santo, su recibo para aquellos que no lo habìan recibido y solamente habìan sido bautizados en nombre del Señor Jesùs. En admirar las obras del Señor; en venerar en los corazones a Cristo, porque quien siga sus mandamientos y los cumpla, Cristo le ama. ¨Al que me ama a mi, lo amarà mi Padre, yo tambièn lo amarè y me manifestarè a èl¨.
Se plantea al cristiano catòlico, que vive lo que es una comunidad cristiana, el deseo de predicar la Palabra.
Cuando se pertenece a una comunidad cristiana y se cumple con todas las obligaciones que ella demanda, se adquiere un sentido de pertenencia. Se intima con sus miembros, porque eso lo permite el conocimiento entre aquèllos. En una comunidad se hace labor pastoral, se ama a Dios, a Jesùs y al Espìritu Santo. Tambièn se estudia la Palabra.
Llega un momento que nace la necesidad de predicar, de evangelizar, de llevar la Palabra a quienes no la conozcan.
Eso hizo Pablo despuès de su conversiòn al cristianismo: predicar.
La libertad es un regalo que Dios nos confiriò. La pertenencia a una comunidad no nos quita ese regalo. Sòlo que su ejercicio es resultado de la responsabilidad personal.

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Juan Manuel Estrada
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