
Resulta que cuando salíamos, mi esposa, mi cuñada y quien escribe, venía un viejo carro fúnebre, de color negro con cortinas moradas atrás.
Mi cuñada dijo: uh, zape...
Mi esposa le vió un letrero por la parte delantera.
Podría preguntarle a todos los maracuchos y a todos los que lean estos escritos, qué decía el letrero.
Estoy seguro que nadie me lo diría.
Pues bien. Decía: TAXI
Lérida que es de buen humor se rió. Yo lo seguí para corroborar el contenido del aviso del viejo carro fúnebre. Y efectivamente, era un TAXI.
Del carro bajó, frente a la quesera, el prototipo del maracucho jodedor...
Mi esposa en el ejercicio de su permanente humor le iba a solicitar una tarjeta.
Yo dije: No, no, no... ni se te ocurra.
Me imaginé, alguién de noche esperando un taxi y se le pare, en la oscuridad, un vehículo de esas características. Es como para salir volando o despavorido...
La viñeta podría decir: Así se gana la vida un maracucho, con la foto respectiva.
Supe en la noche, que el chofer de tan rechazado y temido vehículo, es de plata, y lo compró para echar vainas.
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Rafael Inciarte Bracho
Escritos en el Tiempo