
El ayuno que quiere el Señor es el de la ¨ausencia ardiente ¨, que Jesús nos de un corazón contrito, que siempre lo tengamos en nuestros corazones para estar con el que sufre, con el necesitado, que seamos solidarios y seamos capaces de compartir. Que la boda nos lleve a tener siempre con nosotros al esposo, a Jesús ( Mc 9, 14 - 15 ). Que después de ayunar, seamos mejores discípulos de Jesucristo.
El valor y el sentido del ayuno.
La Cuaresma nos recuerda - afirma Benedicto XVI - los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública que alcanza su gloria con la resurrección. Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador ( el diablo ).
Ya en el Génesis el Señor impone al hombre la prohibición de consumir el fruto prohibido. Quizo liberarlo del pecado y mantenerlo en la vida eterna que, al momento de crearlo, le confirió; solo que el hombre no ayunó.
El pecado, los delitos, las violaciones a los preceptos de Dios, nos oprimen a todos. El ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con Dios.
El arrepentimiento de nuestros pecados, nos hacen merecedores de la Misericordia y del Perdón de Dios. Pidamos a El que, ayunando, nos enseñe sus caminos para cumplir con su Voluntad, nuestro verdadero alimento.
Fuentes: 1. Benedicto XVI. Mensaje para la Cuaresma 2009. 3 de febrero 2009.
2. GRACIA, Antonio. A los Pies del Maestro. Pág. 409.
3. SEVE, André. El Evangelio del Día. Pág. 44.
4. Pan Diario de la Palabra. Febrero 2009. No. 184 pág. 82.
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Rafael Inciarte Bracho
Escritos en el Tiempo