domingo, 9 de marzo de 2008

Despuès de la Homilìa

Despuès de la Homilìa del Domingo V de cuaresma hago la siguiente reflexiòn.
Antes de proceder, dejo impresa la salvedad que lo que escribo es lo que pude grabar en mi mente despuès de la Santa Eucaristìa.
Desde la primera lectura, Ez 37, 12-14, pasando por el Sal 129, la segunda lectura Rom 8,8-11 y el Evangelio de San Juan 11, 1-45 , encontramos que se le hace al pecador, al que està muerto en vida, a que resucite ya.
La resurrecciòn de una vida signada por la injusticia, el apego a lo material, al dinero, a las riquezas... ¨Esto dice el Señor Dios: Pueblo mio, yo mismo abrirè sus sepulcros, los harè salir de ellos y los conducirè de nuevo a la tierra de Israel ¨.
No son esos sepulcros criptas o tumbas, no. Son las acciones negativas, pecaminosas, contenidas en el espìritu. He allì donde està ese sepulcro.
Dios tiene la misericordia y la redenciòn de manera copiosa para el que decida dejar el sepulcro. Que tome la decisiòn de aceptar a Jesucristo como su Señor.
Jesùs dice lo siguiente:
¨Yo soy la resurrecciòn y la vida. El que cree en mi, aunque haya muerto, vivirà, y todo aquel que està vivo y cree en mi , no morirá para siempre ´.
Làzaro es resucitado para la vida eterna. Esa vida que existe para quien crea, abrace, estudie, la doctrina y las enseñanzas de nuestro Mesìas, el Hijo de Dios: Jesucristo.

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Juan Manuel Estrada
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