domingo, 2 de marzo de 2008

Despùes de la Homilìa

`Hoy nos toca reflexionar sobre còmo los hombres juzgan por las apariencias, en tanto que Dios ve el corazòn. 1 Sam 1,7
En efecto, Dios entra en nuestros corazones y sabe si seguimos o no sus preceptos, sus mandamientos. El no se lleva por lo que seamos capaces de aparentar.
Dios nos conduce por el camino del bueno, por amor de su nombre. Sal 23
Conocer sus mandamientos, seguirlos, nos permite pasar por quebradas oscuras; no temer ningùn mal e ir hacia adelante sin miedo.
Hay que caminar hacia adelante confiando en el Señor.
Hay que seguir a Cristo. Dejar las tinieblas y ser la luz en el Señor. Portarse como hijos de la luz, con bondad, con justicia y segùn la verdad, pues èsos son los frutos de la luz. Ef 5, 8-14
Y quièn es un ciego ?
No es aquel que nace ciego; es aquel que se mantiene en las tinieblas, que no sigue a Jesucristo en su doctrina, en sus enseñanzas.
Hoy es un dìa de gozo, porque Jesùs nos señala que, cuando sanò a un ciego de nacimiento, nos estaba indicando que para El, Hijo de Dios, era fàcil curar a ese ciego, que aquellos que, permaneciendo en las tinieblas, en el pecado, no son capaces de levantarse, no son capaces de creer en El.
La diferencia entre un pecador creyente y un pecador no creyente, es que aquèl es capaz de levantarse y seguir hacia adelante, està en la senda de terminar con el imperio de las tinieblas; en cambio, el pecador no creyente jamàs se salvarà, siempre ¨vivirà ¨ciego. Es el verdadero ciego. Jn 1, 41

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Juan Manuel Estrada
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