lunes, 1 de marzo de 2010

La piratería no respeta la propiedad intelectual

Hay no pocas voces que afirman de manera contundente que el concepto economicista de desarrollo está en crisis. Ese concepto que privilegia el “tener” sobre el “SER” - que impide el desarrollo pleno auténtico humano e integral – y que es la acumulación desmedida, obscena e injusta de bienes por parte de unos pocos; acumulación que no es privativa de países pobres – rechazo el eufemismo de países en vías de desarrollo – sino que lo es también de países ricos. Por supuesto, que las diferencias socioeconómicas se reflejan más en los países pobres, pero… ya vemos en los periódicos que, en EEUU, son millones los seres humanos en pobreza crítica.
La felicidad humana yo no la veo sólo como consecuencia de tener bienes. Como cristiano católico soy del criterio de que no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que viene de Dios, pero, Jesús, nos enseña, con la parábola de la multiplicación de los panes y con la sanación de los cuerpos, que, al hombre, que es cuerpo y alma, hay que atenderlo en sus dos dimensiones. No hacerlo, ya sea descuidando el alma o el cuerpo, es ir contra la caridad que es amor a Dios y al prójimo.
Todo hombre tiene aspiraciones profundas que de ser “sofocadas”, en detrimento del SER, ocasiona “nuevas formas de esclavitud modernas”, que llevan a todo tipo de alienación social y psicológica. Precisamente, esa acumulación, que ahora - ¿ahora? ¿y antes? - la están llevando a cabo sistemas salvajes (capitalismo salvaje - socialismo colectivista militarista), que impiden realizar la vocación humana como tal, que, incluso, ahogan la libertad.
Pablo VI hablaba de “disparidades hirientes” tanto en el súper-desarrollo como en el súper-subdesarrollo, este último más plagado de “miserias intolerables”, causa de la crisis conflictiva en lo social, causa en parte del vacío del alma del hombre, que amenaza con hacer agua la gobernabilidad en numerosos países y donde los ricos – tengan la seguridad – no van a ser la excepción, por muchas cercas, muros y murallas que construyan.
Esas “disparidades hirientes” intolerables las vemos en oligarquías que dominan el poder y gozan de una civilización “refinada”, que resaltan aun más en los pobres, donde la inmensa mayoría poblacional no puede participar en la construcción de lo público ni de lo privado, y “vive” en condiciones indignas de la persona humana, causa de éxodos, diásporas y emigraciones que hoy, no encuentran maneras de detener, de tratar, y con lo cual, la injusticia, pulula (es denigrante lo que ocurre con inmigrantes en España, en Francia, en Italia, y paro de contar).
Por supuesto, que la pobreza y la miseria no son ajenas al irrespeto de la propiedad intelectual. La llamada “piratería” o plagio de obras, marcas, de producciones discográficas, videos, medicinas… es propiciada por quienes hacen del ilícito sus ricas “empresas”. Ponen precios bajos, ponen a “trabajar” a legiones de buhoneros y obtienen fabulosas ganancias, transgrediendo el derecho de la propiedad intelectual. ¿Por qué? Porque como afirma Benedicto XVI, “hay formas extremas de protección de los conocimientos por parte de los países ricos” que contribuyen a hacer más profundas las “disparidades hirientes” en nuestros pueblos pobres y desamparados. Es cosa de justicia.

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Juan Manuel Estrada
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Escritos en el Tiempo