domingo, 21 de febrero de 2010

Empresa, especulación, papel del Estado y globalización

No recuerdo con precisión cuál fue el país que de repente se quedó sin reservas o para decirlo sencillamente, sin dinero. Ocurrió de un día para otro. ¿Consecuencia de qué? De la fácil y muy fácil movilidad de capitales a través de la tecnología: ¿Internet?. Y es que “el mercado internacional de capitales, ofrece hoy una gran libertad de acción” (Benedicto XVI). Pablo VI “valoraba seriamente el daño que la transferencia de capitales al extranjeros…, puede ocasionar a la nación”. ¿Puede un control de cambio evitarlo?
La empresa – la gran empresa – la que acude al capital anónimo o “fondos anónimos” se desenvuelve en un ambiente financiero volátil. Les es fácil trasladarse a otro territorio sin importar las consecuencias sociales que tal hecho acarrea.
Me refiero a la gran empresa, porque las pequeñas y medianas (mayoría en el mundo) poco es protegida por esa gran empresa y por los Estados.
Se habla de responsabilidad social de la gran empresa que no en pocos casos, utiliza capitales de dudosa procedencia; capitales ilícitos inyectados en esos fondos anónimos.
Es esa gran empresa, usualmente dirigida por managers, que nadie sabe quien o quienes son sus propietarios. Aquel sabor del cliente de hablar con los dueños no cuenta, no existe. Y es que “cada vez son menos las empresas que dependen de un “único propietario estable” (Benedicto XVI) que se sienta responsable a largo plazo.
¿La globalización económica ha producido efecto? ¿Sólo este?.
No debería perderse de vista que “invertir tiene siempre un significado moral, además de económico” (Juan Pablo II). La inversión o el empleo de recursos financieros no debe estar motivada únicamente por la especulación y “ceda a la tentación” del beneficio inmediato, “en vez de la sostenibilidad de la empresa a largo plazo, su propio servicio a la economía real y la promoción en modo adecuado y oportuno, de iniciativas económicas también en los países necesitados de desarrollo” (Benedicto XVI).
Al Estado, a la autoridad, se le ve crecer ante los excesos de la globalización, que “puede minar de hecho los fundamentos de la democracia”. ¿Hasta dónde ese crecimiento? ¿Sólo local, nacional o internacional? ¿Estaríamos en presencia de una globalización de autoridad única? ¿Cómo queda el Derecho y los sistemas Constitucionales?
La globalización “ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes; pero, si se gestiona mal, puede incrementar la pobreza y la desigualdad” en todo el planeta.
¿La crisis económica y financiera actual es ajena a lo expuesto?

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Juan Manuel Estrada
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