martes, 22 de enero de 2013

Se necesitan muchísimos sacerdotes


Porque es mucha la mies y pocos los operarios se necesitan muchos sacerdotes. Por tanto, todos, que somos Iglesia, debemos estimular a los jóvenes la vocación sacerdotal, la consagración al servicio de Dios.
Yo les hago una confesión pública: Amo y admiro a todos los sacerdotes, consciente de que, como todos nosotros, son pecadores, y luchan por ser mejores, por llevar la Palabra de Dios a la mies.
Un decreto emanado del Concilio Vaticano II, titulado Optatam Totius, promulgado el 20 de octubre de 1965, versa sobre la formación sacerdotal. Establece la obligación, que principalmente las familias cristianas, tienen de hacer que surjan vocaciones sacerdotales.
La estructura de ese decreto consta de un proemio, siete títulos, veintidos numerales y su respectiva conclusión.
El sacrosanto Concilio lo aprobó. Sabía que la renovación de toda la Iglesia depende del ministerio sacerdotal, y sus disposiciones van dirigidas directamente al clero diocesano, buscando que éstas sean acomodadas a las pertinentes mutaciones necesarias de cada nación, porque, en éstas, las Conferencias Episcopales aprueban las normas "peculiares" de formación sacerdotal.
El decreto llama al fomento más intenso de las vocaciones sacerdotales.
Se ocupa de lo atinente a la organización de seminarios menores para cultivar los gérmenes de la vocación de los noveles aspirantes al sacerdocio, bajo una dirección espiritual conveniente. Y otro tanto hace con los seminarios mayores para la formación de verdaderos pastores a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, con educadores idóneos.
Las normas de Optatam Totius velan por el cultivo intenso de la formación espiritual, tanto doctrinal como pastoral. Por la revisión de los estudios eclesiásticos, en el arte de instruir en el diálogo para saber dirigir las almas, y para que aprendan a ayudar a los religiosos en la gracia de su propia vocación y progresen según el espíritu de los diversos institutos, que responden a la variedad y diversidad de carismas. Hace énfasis el decreto conciliar en el diálogo - que no monólogo - para comprender mejor las circunstancias humanas.
Y lean con atención el decreto para que comprueben que no se le escapa nada sobre tan delicado e importante tema, disponiendo lo conducente para el perfeccionamiento de la formación después de los estudios. El clero joven llevado de las sabias manos de la Jerarquía Eclesiástica, ha de introducirse gradualmente en la vida sacerdotal y apostólica bajo el aspecto espiritual, intelectual y pastoral, renovarlas y fomentarlas cada vez más.
Constantemente nuestro Arzobispo, Monseñor Ubaldo Santana, está promoviendo e invitando a la vocación sacerdotal a los jóvenes de la grey. Es obligación de todos el hacerlo con entusiasmo y ahínco. Se necesitan muchos sacerdotes.

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Juan Manuel Estrada
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