lunes, 20 de octubre de 2008

Acumular Amor

Codicia o avaricia es el deseo excesivo de obtener más dinero , riqueza o cualquier otra entidad. Es uno de los siete pecados capitales.
Trabajar, progresar, desarrollar proyectos de empresas y generar empleos, no es pecado. Jesús no condena que seamos activos, trabajadores e industriosos. El condena al codicioso o al avaricioso que se olvida de Dios, y que es capaz de todo por el dinero, hasta vender o traicionar a un hermano. Que hace del dinero un fin y no un medio para generar felicidad para si y para los demás que sufren, que nada tienen y que pasan hambre.
Dios condena al ocioso; pero no aquél o aquella, que no tiene trabajo, que no consigue empleo. Que son los millones de seres desempleados y que aumentarán, según la OIT, a más de 210 millones el próximo año, como consecuencia de la crisis financiera global.
Hay que atesorar obras de amor. Ser rico en el Señor. Cristo es la verdadera riqueza porque es imperecedera..
Yo no olvido que siempre he creido en aquello de que es más importante Ser que tener. Es la arenga, que siempre tuve, para la educación de mis hijos.
Entiéndase bien. Ser no significa que no trabajemos para tener y poder progresar, satisfacer necesidades y ayudar al prójimo necesitado o en dificultades económicas.
Le he pedido a Dios que me libre de mis necesidades. Que éstas sean pocas. Que me permita llevar una vida sencilla, austera y no de ostentación. Así puedo ser libre y amar más a Dios y al prójimo como a mi mismo. Que me permita ser amable, generoso y respetuoso con todos, amigos o no amigos.
Realmente de qué vale acumular riquezas y no ser feliz, ni hacer felices a los demás, principalmente, a los que sufren. ! Necio ! , el que así procede, lo dice Jesús. Porque esta noche le van a exigir la vida y lo que haya acumulado, ¿ de quién será ?
¨Así será el que amasa riqueza para si y no es rico ante Dios ¨ ( Lc 12, 13-21 )
Solo estará vivo, el que sea capaz de superar la avaricia.
Recomiendo leer, releer, meditar e internalizar la Carta de Pablo a los Efesios, si queremos resucitar y alcanzar una vida nueva ( Lc 2, 1-10 ).

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Juan Manuel Estrada
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