martes, 22 de mayo de 2012

El poder de la oración

“En momentos difíciles me sostienen vuestras oraciones”  Benedicto XVI.
Yo recomiendo cada vez que se me presenta la oportunidad la lectura, estudio e interpretación del Libro de los Hechos en el NuevoTestamento de la Sagrada Escritura. No solamente sirve para conocer la historia de la primitiva comunidad cristiana (La Iglesia naciente) sino también para concientizarnos en las dificultades, limitaciones, situaciones complejas y persecuciones que vivió esa comunidad.
Nuestro santo Papa, Benedicto XVI, se ha encargado de decirnos que esos Hechos nos enseñan, desde ese momento histórico, el Poder de la Oración.
Esa primitiva comunidad cristiana, que todo lo poseían en común y que se ayudaban entre ellos, tuvo su “Pequeña Pentecostés” - un momento difícil para la Iglesia naciente fundada por Cristo – y cuando apresaron a Pedro y a Juan e hicieron primer mártir a Esteban por predicar la Palabra deDios, no buscó cómo reaccionar, ni qué medidas tomar. Esa comunidad, simplemente, rezó.  Como el Señor en Getsemaní, se confía en la presencia de Dios con su fuerza y su ayuda.
El Libro mencionado, nos legó el poder de orar. Que, como dice Juan Pablo II, nuestro Beato y seguro Santo, hay que orar sin cesar, porque como dice Benedicto XVI, “no hay grito humano que no sea escuchado por Dios”.
La Oración es un diálogo íntimo y profundo con Dios, que debemos hacer “en muros de silencio”. Si algo deberíamos todos hacer, al momento de estar en el Templo, que es sagrado, es guardar silencio para que podamos orar de manera más efectiva y poder llegar a Jesús para que interceda por nosotros ante el Padre.
La oración hecha con un corazón contrito y humillado, es animada por el Espíritu Santo. En la oración, cuando rezamos, nos encontramos con El, con su “omnipotencia y trascendencia”. Nuestra debilidad se postra ante Dios.
La Oración es conversación con Dios y su infinita misericordia. Nos permite liberarnos y sobrellevar el sufrimiento que, como misterio, siempre estará presente en la vida del hombre.
No hay hechos difíciles, pruebas agudas, que afecten la relacióncon Dios al momento de orar. Siempre la fe y la esperanza brillarán.
Con la Oración siempre seremos proclives a hacer el bien y evitar el mal, porque el espíritu nuestro va a estar unido a Dios, a Cristo y a nuestros hermanos. Nunca estaremos inclinados al libertinaje que solo destruye al ser.
Seamos como San Bernardo, ejemplo de armonía de Oración y acción, quien afirma, que “demasiadas ocupaciones, una vida frenética, a menudo termina por endurecer el corazón y hacer sufrir el espíritu”. Nos evita valorar con criterios de productividad y eficiencia.
Recomiendo acceder a www.aciprensa.com, Oración Ultimas Noticias (No hay grito humano que no sea escuchado por Dios, dice Benedicto XVI).

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Juan Manuel Estrada
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