lunes, 2 de enero de 2012

Gripe, la recurrente

No sé con precisión la cantidad de personas que me han dicho “tengo gripe” e inmediatamente explanan, con prolija declaración, las características de la enfermedad, grave muy grave.

“Me ha dado mucha tos, fiebre, dolor de cabeza, malestar general, dolores por todo el cuerpo, diarrea incontenible… es interminable y cuando cree uno estar curado, reaparece con más bríos”.

Yo, por tanto, la bautizo con el nombre de “la recurrente”, porque vuelve a ocurrir, se repite, y no da chance a un intervalo prolongado.

“La recurrente” lleva a pensar qué causas la genera. Si le preguntas a un médico te dice: “Un virus”. La respuesta más fácil porque nunca se identifica al bendito - ¿Bendito? – virus.

Hasta la hilaridad brinca al ruedo y se le imputa la causa, a una guerra química del imperio, capaz de todo, incluso, de enfermar en serie de cáncer a presidentes. Por cierto, esto pudiera mover al escepticismo. En estos tiempos de relativismo, provocaría decir “ni creo, ni dejo de creer, todo es posible”, proviniendo de una potencia, como muchas, que no pocos pecados han cometido y cometen, con poca capacidad de arrepentimiento.

A mí me llegan informaciones de los numerosos casos graves de “la recurrente” que, supuestamente, abarrotan las clínicas y hospitales de la localidad. Me llama poderosamente la atención, que las autoridades competentes no hayan tomado cartas en el asunto de manera urgente, que no se haya declarado pandemia local o regional, para atacar la guerra química ¡perdón! a la “recurrente”.

La gravedad de la enfermedad que azota a la población requiere con urgencia de una política de asistencia, de salud, de vacunación, de todo lo que sea necesario para ponerle coto a esta situación.

A todas las personas, que no se dejen abatir, ni dejar que el autoestima personal se les venga al suelo, si es que la causa de “la recurrente” sean la inseguridad, la inflación, la falta de trabajo; el estrés…

Al creyente, hermanos en la fe, les sugiero que oren mucho, recen bastante, cultiven la fe, la hagan poderosa, porque se ha comprobado que ella fortalece el espíritu y hace fuertes ante el dolor y el sufrimiento. También la fe en Dios, en Jesucristo y en el Espíritu Santo, el no creer en anticristos y mentirosos; cura. Científicamente, ha sido probado, esto sin dejar de asistir al médico en casos graves como el expuesto. Lejos de mí el no recomendar la asistencia médica y la toma de medicinas.

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Juan Manuel Estrada
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Escritos en el Tiempo