
Nadie puede negar que vivimos tiempos difíciles, de mucha violencia. Son momentos de angustias, incertidumbres, tristezas y presentimientos.
Se ven muchas caras con expresión de baja estima.
A quienes puedo aconsejar les digo: No pierdan la autoestima.
Grave es tomar caminos que conducen a la perdición. Buscar, a todo trance, la felicidad en el dinero para hacerse adictos del alcohol, de las drogas o del sexo sin sentido y sin compromiso.
No me ubico entre quienes consideran que el dinero o el tener no hacen falta para vivir alegres o contentos; pero, enfáticamente, afirmo, que no logra la felicidad y la alegría verdaderas. Muchos menos las drogas…
La felicidad es un estado de ánimo del que se encuentra contento y satisfecho. La alegría un sentimiento grato, de gozo, generalmente, por un motivo placentero.
Puedo demostrar que esa felicidad verdadera nos la da Dios. Solo siguiendo la Palabra de Dios, leyéndola, estudiándola e internalizándola en cada uno de nosotros la alcanzamos, con una estrecha relación con el Señor, con Jesús y el Espíritu Santo. En esto, está, el contento, la satisfacción, el sentimiento grato y vivo de gozo.
Leer la vida de santos y de mártires de nuestra Iglesia Católica nos permite constatar esa felicidad, esa alegría, y hacerlas nuestras.
La Biblia nos enseña: Tu diste alegría a mi corazón, mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto (Sal 4, 7); el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, fe (Gal 5, 22); fueron halladas tus Palabras y yo las comí, y Tu Palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón (Jer 15, 16).
Jesús nos predica que, interesándonos por los demás, somos felices.
Para mí, la felicidad es estar en la Eucaristía, principalmente, el domingo… porque ese día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. ¡Aleluya, aleluya! Salir de ella a proclamar sus maravillas.
Recuerda que siempre habrá problemas. Que estos nos invitan a estar más cerca de Dios y que Él nos enseña que ante los mismos es nuestra actitud la que cuenta. Seguir a Jesucristo es la mejor actitud ante los problemas y los tiempos difíciles del presente. Sigámoslo.