lunes, 4 de octubre de 2010

La propiedad intelectual y los débiles

Parece ser que el concepto economicista del desarrollo está en crisis. Ese concepto que privilegia el “tener” sobre el “ser”
Han habido algunas personas, a quienes respeto profundamente, que se confunden cuando hago esa afirmación. Piensan que yo soy enemigo del “tener” y se equivocan porque no es así. Hay que “tener” para vivir, tener lo necesario y por qué no, hacer riqueza. Lo que critico es la actitud que se tenga ante la riqueza. Si ésta sirve para compartir, para no ignorar la necesidad del pobre, del que sufre, bienvenida sea. Ya hay un nuevo pecado: la excesiva riqueza en unos pocos. Que conste, también, que el compartir es solidaridad y caridad, no estímulo de la vagancia.
Esa acumulación de riquezas, en unos pocos, tanto en países ricos como en pobres, no producen la felicidad humana, ni siquiera en aquellos que las tienen, que, cada día que pasa, tienen que vivir amurallados y con ejércitos de guardaespaldas por temor a ser secuestrados o víctimas de otros delitos.
Pablo VI hablaba de “disparidades hirientes”, tanto en el superdesarrollo como en el subdesarrollo, este último plagado de “miserias intolerables”, causa de la crisis conflictiva en lo social que amenaza con hacer imposible la gobernabilidad en numerosos países, donde los ricos – vemos lo que está pasando en España – no van a constituir la excepción. La violencia latinoamericana está a la vista.
Los poderosos dominan la propiedad intelectual y los países pobres la “piratean”. Y es que la pobreza y la miseria no son ajenas al irrespeto de la propiedad intelectual.
La llamada piratería o plagio de obras, de marcas, de productos químicos, alimenticios, producciones discográficas, libros, videos, medicinas… son propiciadas por ambientes de pobreza extrema que son aprovechados por los que hacen del ilícito su profesión. Y vemos a legiones de hombres y mujeres, que para duras penas subsistir, llenan las calles, avenidas, frentes de centros comerciales, entre otros sitios, vendiendo esos plagios.
Ponen precios bajos, ponen a “trabajar” a millones de buhoneros, transgrediendo el derecho a la propiedad intelectual, pero ¿por qué?. Porque, como afirma Benedicto XVI, “hay formas excesivas de protección de los conocimientos por parte de los países ricos” que contribuyen poderosamente a hacer más profundas las “disparidades hirientes” en nuestros pueblos pobres, desamparados y siempre engañados.

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Juan Manuel Estrada
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