viernes, 21 de febrero de 2014

Muchos desafíos presenta el mundo actual

“Queridos hermanos, ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman? ¿Acaso no son los ricos los que los arrastran a ustedes, los que los arrastran a los tribunales? (Stgo. 2, 1- 9)
Principio que debería seguir el planeta: Que el bienestar alcance a todos.
Nos apoya el Papa Francisco en la lucha por la concretización de ese principio cuando, en estos momentos, una linda muchacha denuncia lo que ocurre en su patria: Ucrania.
Lo grave de su denuncia, que está recorriendo el globo terráqueo, es que se refiere a los gobernantes y políticos como los causantes del malestar socio económico, de la privación de la libertad e incluso del derecho de la vida, de su país.
Hablando de vida. Se quiere la alegría de vivir, libres de violencia y de inequidad, por la dignidad, por los derechos humanos.
Ya se están produciendo movimientos que rechazan la política, pero no es rechazo a ésta, sino a un ejercicio de la política y de los gobiernos, donde no se acompaña al ciudadano en sus sufrimientos, en sus luchas por la dignidad y el decoro, que se sabe víctima de la codicia, de la avaricia y de la insensibilidad de muchos políticos, y de la irritante corrupción administrativa. Se les está exigiendo que asuman la Política – con P mayúscula – como apostolado, con ética, moral, principios, y en defensa del bien común.
La globalización de la indiferencia e insensibilidad se manifiesta en numerosos, millones de seres humanos, donde son los jóvenes y los ancianos los que más sufren las consecuencias.
El bienestar de una élite, enferma, a través de un consumismo obsceno, a las mayorías, que se enceguecen ante ese bienestar y quieren obtener de todo de inmediato, a como dé lugar, es más, atendiendo a necesidades no vitales, que son estimuladas por los medios de comunicación social, en especial, la tv.
El Papa está condenando una economía sin rostro humano y el fetichismo del dinero, en un afán desmedido por el poder y el tener sin importar el ser.
Y pensar que muchos de los problemas se resuelven con compartir con los más pobres. No hacerlo – dice Francisco – es robarles y quitarles la vida. “No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”, remata el Pontífice, y le seguimos.

El dinero debe servir y no gobernar, dice el Papa. Quien deja claro que ama a todos, ricos y pobres, pero que tiene la obligación de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos.

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Juan Manuel Estrada
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Escritos en el Tiempo