lunes, 15 de abril de 2013

50 años de la paz en la tierra


     “Nada se pierde con la paz; todo se puede perder con la guerra” Pío XII
     Decía Angelo Giuseppe Roncalli que a él no le preocupaba su condición de anciano, pues era del criterio de que para el honor de un hombre bastaba con haber concebido una empresa, haber pensado, ideado, iniciar algo. Afirmaba, también, que no hay que preocuparse de sí mismo y de quedar bien. Le agregaría: hacer las cosas poniendo lo mejor de nosotros en ellas.
     Teniendo casi 77 años fue electo Papa, adoptando el nombre de Juan, en honor del evangelista, y se le conoce, por sobradas y justificadas razones, el Papa bueno. Fijémonos que tenía un año menos que Benedicto XVI y uno más que Francisco cuando fueron elegidos Papas.
     La ancianidad no constituyó óbice alguno para escribir ocho encíclicas y convocar, como lo hiciera, el Concilio Vaticano II, que se le consideró un nuevo Pentecostés, de vigencia plena para la transformación de la Iglesia y su base doctrinaria. Y eso  que “era de transición”.
     Su humor respondía a su fina inteligencia. Una vez le preguntó un periodista qué cuantas personas trabajaban en El Vaticano y respondió: aproximadamente un cincuenta por ciento.
     Las encíclicas más importantes que publicó fueron: Mater et Magistra y Pacem in Terris (La Paz en la Tierra).
     Pues bien, la última de las antes mencionadas, ha cumplido el 11 de abril recién pasado, 50 años.
     Su Santidad el Papa Francisco me hace recordar a Juan XXIII. Sus  actos están llenos de imágenes y de simbolismo, ambos de buen humor, de sencillez, y de sabiduría. Si el Papa bueno dejó su impronta renovadora o revolucionaria en la Iglesia, Francisco camina en esa dirección.
     Francisco nos ha hecho recordar a Pacem in Terris diciendo que este aniversario “sea un incentivo para comprometerse siempre más en promover la reconciliación y la paz a todos los niveles”.
     Ayer, el 11 de abril de 1963, estaba en vilo la paz en el planeta con la amenaza de los misiles entre URSS, USA y Cuba, de una guerra nuclear. A Juan XXXIII no le tembló el pulso para dictar esa encíclica. Hoy, el asunto es grave, con la situación guerrerista nuclear de Corea del Norte. USA y Corea del Sur. Tiene vigencia la encíclica.
     Yo estructuro una consigna: SI a la VIDA, NO a la guerra.
     La paz no es utopía, es posible. Ya basta de violencia.
     Jesús nos dice: “la paz les dejo, mi paz les doy. No como el mundo  la da se la doy yo”  (Jn 14, 27)

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Juan Manuel Estrada
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Escritos en el Tiempo