martes, 6 de marzo de 2012

Ayudar a los demás

“Si algo pidieren en mi nombre. Yo lo haré” Jn 14. 14

Cuando Dios eligió al libertador de Israel de la esclavitud en Egipto, Moisés – el electo – insistiéndole al Señor le dijo: “Yo no tengo facilidad de palabra, ni antes ni ahora… soy torpe de boca y de lengua” (Ex 4, 10).

Pensó que no tendría ayuda de nadie e ignoró que el Todopoderoso se la prestaría, como en efecto, así ocurrió.

Dios: “Aarón, tu hermano, el levita, sé que habla bien… Yo estaré en tu boca y en la suya, y les enseñaré lo que tienen que hacer” (Ex 4, 14).

El Señor siempre está presto a ayudar al hombre. Este ha de tener fe, tenerlo como fortaleza y escudo. Él le ayudará (Sal 28, 7).

Estando en otro momento de larga esclavitud (El pueblo elegido de Dios – Israel), el rey Ciro le dio permiso para que fuera a reconstruir el templo a su Dios. Ciro procedía impulsado por la acción liberadora divina. Animó, también, a otros, para que prestaran colaboración con mano de obra, apoyo material y económico a ese pueblo.

Tanto en lo individual o personal, o como pueblo, debemos pedir ayuda y aceptarla cuando nos la ofrecen. “Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca halla, y el que llama se le abrirá” (Mt 7, 7 – 8). “Todo lo que pidieren en oración, creyendo, lo recibirán” (Mt 21, 22).

Es indudable que Dios ayuda sin condiciones. Es la lección que Él da a todos, personas, países, organismos internacionales, ONG, etc., al momento de prestar ayuda a otros. Sin condiciones.

Generalmente, no hay ayuda desinteresada. No se ha generalizado la solidaridad, la misericordia, el amor al prójimo, y la generosidad, no pocas veces, brilla por su ausencia.

La ayuda puede ser rechazada en casos donde no reine la solidaridad. Lo considero un derecho. Un derecho a ser digno.

Hay quienes aceptan la ayuda sin importar el decoro o la dignidad. Prefieren ver engrosar sus carteras sin importarles nada.

Yo, sin ser desconocedor de tristes realidades, me anoto, con el riesgo de ser considerado ingenuo o iluso, en los que defienden la ayuda sin condiciones. Creo en la generosidad, la solidaridad, en el amor, la misericordia y en la caridad. Soy un optimista a ultranza de que cada día el mundo irá viendo crecer en número quienes practican estas virtudes de decoro y de respeto a la dignidad del hombre que a esto están dirigidas estas acciones. Son valores cristianos, valores humanos, de creyentes y no creyentes, de personas de buena voluntad. La ayuda está revestida de esos valores.

1 comentario:

  1. YO TAMBIEN CREO , QUE ALGUN MOMENTO LOS QUE OBRAN BIEN , Y NO HACEN EL MAL NI PONEN SUS INTERESES POR ENCIMA DE LOS DEMAS PONDREMOS NUESTRA CARA EN ALTO

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Gracias por comentar.
Juan Manuel Estrada
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