domingo, 18 de marzo de 2012

San Basilio y la circulación de la riqueza

“… así, por mil caminos, tú haces llegar la riqueza a la casa de los pobres” San Basilio el Grande.

San Basilio de Cesarea, Capadocia, nació en el año 330 y murió el 1 de enero del 379. Llamado San Basilio el Magno, fue obispo de Cesarea y prominente clérigo del siglo IV, considerado vital para la existencia de Occidente, que se inició con la cruel persecución del emperador Dioclesiano.

Constantino con el Edicto de Milán (13 de junio del 313 d.C.) firma la paz oficial con los cristianos. Roma se convierte al cristianismo.

Entre los Padres Griegos de la Iglesia Católica figura San Basilio. Es doctor y santo de la Iglesia Católica.

Se le ha identificado en la tradición griega con Papa Noel, como un San Nicolás en navidad.

Nació en el seno de una familia muy cristiana y de posición económica acomodada. Recibió enseñanzas de Orígenes, alumno de San Clemente de Alejandría. De allí el inicio de su ascetismo. Orígenes era un anacoreta. Basilio es pionero de la vida monástica.

Celoso en la ortodoxia, se opuso al emperador Valente que quiso introducir el arrianismo en su diócesis. Era partidario de rendirle culto a los mártires y a las reliquias. De obra extensa. Su escrito “De Spíritu Sancto” prueba la dignidad del Espíritu Santo.

Estudioso de los clásicos griegos, recomendaba a los jóvenes leyeran la literatura y filosofía de éstos.

San Basilio entendió, siendo rico, al igual que otros santos, como San Clemente de Alejandría y San Francisco de Asís – acaudalados ambos – el compromiso social de la riqueza. Por tanto, la consideraba como “un gran río (que) se vierte en mil canales sobre el terreno fértil; así, por mil caminos, tú haces llegar la riqueza a la casa de los pobres”.

La riqueza – explica Basilio – es “como el agua que brota cada vez más pura de la fuente si se bebe de ella con frecuencia, mientras que se pudre si la fuente permanece inutilizada”.

Permanece inutilizada cuando se concentra en el mundo en pocas manos; cuando no se comparte; al no hacerse uso de la imaginación para que llegue, por mil caminos, a la casa del pobre, del necesitado, del que sufre…

Solo una justa y equitativa distribución de la riqueza, de los frutos que produce el árbol y sin destruir éste, produce paz social.

Los pueblos del mundo actual quieren justicia y ésta no puede ser ajena a una más equitativa distribución de la riqueza. La imaginación de los gobernantes puede llevarla a todos, haciendo hombres y mujeres útiles para la sociedad. Una buena educación lo permite. La Iglesia es sabia y por eso, educa, evangeliza, hace al hombre rico en espiritualidad e invita, constantemente, a compartir, porque tiene claro que el hombre también necesita del pan material para vivir.

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Juan Manuel Estrada
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