lunes, 6 de febrero de 2012

Los tiempos de hoy exigen paciencia

“Sepamos todos que la virtud de la paciencia nos asegura la mayor perfección” (Siguiendo a San Francisco de Sales).

La paciencia es la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. Es también, la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.

Son dos de las tantas acepciones que sobre esta virtud moral, nos ofrece la RAE.

La paciencia precede, en mi criterio, a la esperanza. Paciencia para esperar lo que no hemos visto. La esperanza está asociada a la fe.

La fe es un proceso largo que requiere de mucha paciencia para hacerla poderosa en uno.

La oración de Santa Teresa de Jesús nos ayuda mucho para tener paciencia. “Nada te turbe. Nada te espante. Todo se pasa. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta”.

A Job le entró desesperación. Esta es mala consejera, porque nos hace hacer y decir cosas que después nos hacen arrepentir. Lo mejor es aislarse, estar en soledad, en silencio. Y orar para salir de ese estado que no es bueno para nada.

Job reaccionó como todo ser humano ante las tribulaciones y desgracias. El, ante tantas desdichas, dijo: “… me han tocado meses de infortunio y se me han asignado noches de dolor. Al acostarme, pienso: ¿Cuándo será de día? La noche se alarga y me canso de dar vueltas hasta que amanece. Mis días corren más aprisa que una lanzadera y se consumen sin esperanza. Recuerda, Señor, que mi vida es un soplo. Mis ojos no volverán a ver la dicha” (Job 7, 1- 4. 6- 7).

Job es una creación bíblica que representa las situaciones que, tanto ayer como hoy, vive el ser humano, que acarrean llanto, dolor, lágrimas, tristezas… Son expresadas por guerras, catástrofes naturales, pobreza, enfermedades, tragedias, ruinas, inseguridad, corrupción, vacío existencial, falta de empleos, no tener ingresos… que llevan al ser humano a la desesperación, a la pérdida de la fe en Dios, algunos al suicidio…

Job simboliza al hombre que ha tocado fondo. Perdió cuanto tenía, pierde a sus hijos, de la cabeza a los pies ardían los dolores, manaban gusanos de su cuerpo, corría la purulencia, su esposa y amigos le abandonan. El maligno quiso hasta quitarle la vida, pero Dios se lo impidió.

Dios permite esas cosas para probar al hombre de ayer y de hoy.

Job se arrepiente. Como se arrepiente el hombre que tiene fe en Dios y dice, que si hemos recibido los bienes de manos del Señor, ¿No hemos de aceptar los males? He aquí donde entra en juego la paciencia, el no perder la esperanza y el de afianzarse en la fe en Dios.

Todos debemos reconocer como Job, que Dios todo lo puede, que para él no hay imposibles. Job retira sus palabras y se arrepiente. Dios le bendijo en sus últimos años más abundante que al principio (Job 42, ss).

Quien tiene fe en Dios, en Jesucristo y en el Espíritu Santo, se ama a si mismo, ama a Dios y al prójimo como a sí mismo. Jamás va contra su vida, por tanto, nunca incurrirá en el pecado mortal de suicidarse.

Confiemos en Dios. Tengamos fe. Cultivemos ésta.

Hagamos de la paciencia una de nuestras principales virtudes. Hagamos silencio. Oremos en la desesperación. No perdamos la esperanza. Todo pasa.

Aceptemos el consejo del apóstol Pablo cuando nos recomienda que seamos alegres en la esperanza y pacientes en el sufrimiento (Rom 12, 12).

No olvidemos nunca que debemos ser pacientes con todo el mundo; pero sobre todo consigo mismo (San Francisco de Sales). Yo confieso que, a veces - ¿A veces? - la pierdo, pero sigo intentándolo siempre sin desfallecer.

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Juan Manuel Estrada
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