martes, 16 de agosto de 2011

Es el que no quiera trabajar

“Quien ama verdaderamente no está nunca ocioso” San Ignacio de Loyola.
Recién, le salí al paso a un personaje por internet, quien escribió en Facebook, que “quien no trabaja no come”, afirmando de paso que era el fundamento del capitalismo. Dijo que, lo entrecomillado, le pertenecía a Pablo, pero sin citar la fuente bíblica ni el contexto histórico de lo dicho.
Le solicité que lo hiciera. Se concretó a hacer la cita bíblica, pero obvió lo del contexto.
Esa persona se dice ser cristiano protestante.
En virtud de su omisión, escribí, sobre la cita bíblica exacta (él no lo hizo) y sobre Tesalónica.
Tesalónica era capital de Macedonia, provincia romana, cosmopolita, próspera, de un acentuado sincretismo religioso y de mucho desenfreno en lo moral. Adoraban a muchos dioses.
Resulta que cuando el apóstol Pablo le escribe a los tesalonicenses, es a consecuencia del problema teológico existente ante la venida del Señor (la Parusía).
Unos farsantes habían colado la especie del fin, algo así como, recientemente, hiciera un pastor evangélico en Estados Unidos, cuando anunciara para mayo de este año el fin del mundo.
Ante lo afirmado por los farsantes, algunos fieles deciden no trabajar más. Pablo, cuando había estado entre ellos, cumpliendo su misión evangelizadora, les había establecido una regla: “el que no quiera trabajar que no coma” (2 Ts 3, 10). Esto lo hacía Pablo para que mantuvieran encendidas sus lámparas, y no fueran sorprendidos, como las vírgenes prudentes, al momento de la venida de Jesús.
Si aceptamos lo expuesto por ese hermano separado, sería aceptar que los niños, ancianos, amas de casa (hay que ver como trabajan), discapacitados, enfermos…, no coman. Sería aceptar que los millones de trabajadores en paro forzoso no comieran. Sería aceptar la indiferencia ante la suerte de ellos. ¿Qué clase de cristiano es ese? Me hizo recordar las razones por las cuales León XIII escribiera la encíclica Rerum Novarum (siglo XIX), cuando y como consecuencia de esas razones, millones de niños, ancianos, mujeres y trabajadores eran explotados vilmente y condenados al hambre. Esto ocurría en Londres con la Revolución Industrial. ¿Será ese el capitalismo que quiere ese hermano separado cristiano protestante?

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Juan Manuel Estrada
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Escritos en el Tiempo