martes, 4 de enero de 2011

Libertad religiosa, vía para la paz

“Escuchen y comprendan estas cosas, reyes y gobernantes de la tierra. Adoren al Señor con reverencia, sírvanlo con temor” (Sal 2).
En su homilía, de la primera misa del año 2011, en la Basílica de San Pedro, por Santa Madre de Dios y al mismo tiempo con motivo de la Jornada de la Paz, que este año tiene el lema “Libertad religiosa, vía para la paz”, Benedicto XVI, nuestro Santo Papa, hizo un llamado al mundo a combatir la intolerancia religiosa.
El llamado lo viene haciendo el Vaticano en sus diálogos ecuménicos e interreligiosos y ahora, lo hace, en momentos en los cuales son recientes los ataques en contra de los cristianos, ocurridos en Irak, en una Iglesia católica en Bagdad, donde murieran 63 personas, y, en Alejandría, Egipto, en una Iglesia copta, donde perecieron 21 seres humanos por la explosión de un carro bomba, y en donde pareciera ser más que una tendencia grave en este planeta globalizado.
Tolerar es aceptar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. La intolerancia es por tanto falta de tolerancia, especialmente religiosa.
Benedicto XVI condena la intolerancia religiosa y afirma que la libertad religiosa es un elemento imprescindible de un Estado de Derecho. Ya en cierta ocasión, el Arzobispo Migliori, había sostenido que la libertad religiosa es un valor y no una amenaza. La libertad religiosa es una condición necesaria para buscar el bien común y la auténtica felicidad.
Quienes sientan curiosidad o inquietud por lo que vengo exponiendo les sugiero que lean, El Nacional del 2 de enero pasado, y entre por internet a http://es.catholic.net/ecumenismoydialogointerreligioso.
¿Qué debemos hacer los cristianos? ¿Quedarnos de brazos cruzados? ¿Ser indiferentes o resignarnos ante hechos de violencia, de discriminación e intolerancia? El Santo Papa exhorta a los cristianos a que permanezcamos firmes ante la discriminación y la intolerancia.
Benedicto XVI se suma a sus antecesores Juan XXIII y Juan Pablo II quienes condenan la guerra, el armamentismo y proclaman la paz.
En efecto, el llamado Papa Bueno, quien convocara el Concilio Vaticano II, proclamó en In Pacem in Terris (la Paz en la Tierra), condenó la guerra, reclamó el desarme y nos dijo cuáles condiciones garantizan “un decoroso nivel de vida” (109 y 11) y destacó la naturaleza social de los hombres, que deben “convivir unos con otros y procurar el bien de los demás… Que se respeten mutuamente los derechos y deberes… con diligencia y eficacia crecientes” (31).
Por su parte, Juan Pablo II, dejó sentado su criterio, en Sollicitudo rei sociales, cuando afirmara que “la producción de armas es un grave desorden que reina en el mundo actual, respecto a las verdaderas necesidades de los hombres y al uso de los medios adecuados para satisfacerlas, no es menos el comercio de las mismas”. Se condena el afán de compras de armas de los gobiernos en detrimento de los alimentos, viviendas, educación, descanso y seguridad social de hombres y mujeres. Se condena su uso, causa de mucho sufrimiento de los pueblos.
Venezuela aprobó en la Constitución de 1999, vigente a pesar de lo que se pudiera estar haciendo en su contra, que “El Estado garantizará a toda persona…, el goce y ejercicio irrenunciable e interdependiente de los derechos humanos”. “Todas las personas son iguales ante la ley; en consecuencia, no se permitirán discriminaciones fundadas…, en el credo” (artículos 20 y 21 CRBV). Por tanto, se consagra la libertad religiosa que es derecho humano fundamental e imprescindible para la existencia del Estado de Derecho. Cualquier intento o hecho que vaya en su contra no es para resignarse sino para que sea materia trascendente en cualquier frente que se constituya en defensa de la constitución.

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Juan Manuel Estrada
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Escritos en el Tiempo