
Seguirle a El, que es Dios, ¨cabeza de la Iglesia ¨es encontrar nuestra salvación individual y global. Porque Jesús vino a amar, a servir y a no ser servido. Supone en el cristiano - en todo hombre y mujer de buena voluntad - un cambio radical de corazón, ya que, ¨nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder ¨( Lc 5, 33-39 ). Ese odre viejo es un corazón anquilosado, incapaz de aceptar que el mundo actual lleno de injusticias, de mentiras, de falsedades, de marginados, excluidos, pobreza y miseria, tiene que cambiar, porque ¨todo cambia, la religión también¨, como expresa André Séve. Es cambio para la salvación de una humanidad abatida.
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Rafael Inciarte Bracho
Escritos en el Tiempo