lunes, 16 de noviembre de 2009

¿ Qué pasa en Venezuela ?

En Venezuela hay voces de todos los sectores -excluidos los radicales de uno u otro signo - que quieren la paz y la reconciliación. Saben que algo está ocurriendo para que la paz, que es la vía segura del progreso y la justicia, no se logre, y se preguntan ¿ qué pasa ? ¿ qué se esconde detrás de la inseguridad ? ¿ por qué no se combate frontalmente con una política nacional que sea política de Estado no expuesta al debate político ordinario ? ¿ las medidas incruentas se justifican cuando el orden y la seguridad no existen ?
Es cierto que el venezolano no quiere muchas de las cosas que ocurrieron durante la llamada IV República, pero sabe que la seguridad existía, que había convivencia política y social entre todos los venezolanos y que, con menos recursos que los que ha tenido la V, se vivía mejor.
¿ Qué pasa ?
Por qué no se dialoga? ¿ Por qué se traba ese diálogo ? ¿ Quién lo traba ?
Para muchos es el presidente Chávez la razón de esa traba, pero ¿ será verdad cierta y rigurosa ?.
Algo se respira en el ambiente nacional que inquieta a más de un venezolano que, repito, quiere paz y reconciliación, y no partes de guerra semanal de numerosos asesinatos, donde más de cuarenta personas - fin de semana pasado en Caracas - pierden la vida.
El venezolano no quiere guerra contra Colombia. Quiere que se apliquen medidas para acabar con la inseguridad traducida en secuestros, robos, atracos, asesinatos, corrupción policial, etc.

domingo, 15 de noviembre de 2009

La inclusión y la Política con Moral.

“Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno” (Jn 17,22)
En esta cita, según San Juan, encontramos el fundamento de la inclusión relacional, obviamente, contraria a la existencia de excluidos en la sociedad del presente, y opuesta, también, a la división. Se postula en esta cita bíblica la unidad y la Iglesia “es el instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el genero humano” (Caritas in veritate, No. 54) con toda clase de relaciones sociales, técnicas y culturales, para lograr la plena unidad en Cristo.
El matrimonio es un ejemplo de unidad “por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gen 2,24).
Unidad universal con la conciencia de que la humanidad es un solo cuerpo, con miembros y dones distintos, pero que todos incluidos hacen posible su funcionamiento.
Otro ejemplo de absoluta unidad, es la Trinidad, en cuanto las tres personas divinas son relacionalidad pura, según lo afirma Benedicto XVI.
¿Por qué la inclusión? ¿Por qué la unidad? Porque el desarrollo humano integral requiere la inclusión relacional de todas las personas y pueblos, que no hayan marginados, olvidados y aislados. Que haya justicia y paz. Paz, justicia, solidaridad y amor deben mover ala comunidad humana universal, en armonía y en unidad.
Yo no le tengo miedo a la globalización. Hay que asumirla, pero la lucha es porque la globalización respete las culturas de los pueblos y no sigan sus efectos de homologación y de sincretismo religioso.
¿Qué se entiende por homologar en este contexto? Equiparar, poner en relación de igualdad dos cosas y es lo que está ocurriendo con las imposiciones de mercados y de modas.
¿Qué es sincretismo? Llevado al plano religioso es cuando se trata de conciliar religiones diferentes.
Ese sincretismo, sin entrar en detalles va en contra del amor y la verdad, fomenta un indiferentismo religioso, que no es libertad religiosa, y va en contra de un auténtico desarrollo humano integral y solidario.
El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Es motivo de prédica de Benedicto XVI, de Academias pontificias, de sacerdotes, de laicos y de todos los religiosos cristianos católicos.
No es un dios cualquiera. Se trata de un Dios con rostro humano. Dios de la esperanza, cuyo reino está entre nosotros (Lc 17,20 – 25). Es el cristianismo religión del Dios de un rostro humano, que es Jesucristo, luz del mundo.
Corresponde al laico cristiano participar en política, tener acción política, ser ciudadano. Ser de inalienable conciencia en su lucha por el hombre, su identidad y su dignidad. Ser como Santo Tomás Moro, patrono de Gobernantes y Políticos del mundo que prefirió el martirio antes que faltarle a Dios y que entendió que hay que ser fiel a Dios y que la política no puede estar separada de la moral.

domingo, 8 de noviembre de 2009

La soledad no existe en una vida con sentido.

“Todos nosotros, aun siendo muchos, formamos un solo cuerpo unidos a Cristo, y todos y cada uno, somos miembros los unos de los otros” (Rmn 12, 5-16).
Pablo enseña la importancia del sentimiento de cuerpo. Si te hieres el dedo más chiquito de una de las manos, lo siente el entero cuerpo.
El cuerpo social experimenta ese dolor cuando falla uno de sus miembros por cualquier causa, ya sea, porque se aísla o se margina o es marginado, o porque muere… Sufre toda la familia humana.
Aislarse es el camino contrario al camino de la autodonación, libre y gratis de nuestros dones. Es un deber religioso autodonarse, compartiendo tiempo, talento y bienes con los demás. Es llevar una vida más fraternal en una comunidad humana universal. Aislarse es caer en un vacío ¿de ideas? ¿Existencial?
Pablo VI en Populorum Progressio, No. 3, responde a ese vacío de ideas, siendo sabios, y es respuesta también al vacío existencial, que embarga no a pocos seres humanos hoy en día, caracterizado por soledad, tedio, fastidio, tristeza, miedos, inseguridad, incertidumbre y angustia.
La experiencia histórica nos informa que ese cuadro característico - ¿consecuencia de la alienación? – no lo cura ni el colectivismo ni la “red de satisfacciones falsas y superficiales” de la sociedad occidental.
La extinta URSS probó que el colectivismo no acaba con las consecuencias de la alienación de la persona humana, más bien la incrementa, al añadirle la penuria de las cosas necesarias y la ineficiencia económica (Juan Pablo II, Centesimus annus, No. 41).
La soledad es una de las pobrezas más honda que el hombre puede experimentar. Y esa “red de satisfacciones falsas” no ayuda a superarla, la agrava, cuando el consumismo o el hedonismo se hacen o se convierten en una adicción. No ayuda al individuo a experimentar una “personalidad auténtica y concreta” (Juan Pablo II ibid).
Siguiendo con el siempre querido y admirado Papa, él nos dejó la siguiente afirmación: “Toda humanidad está alienada cuando se entrega exclusivamente a proyectos humanos, a ideologías o utopías falsas” (ibid No. 41).
Ya estoy asomándole al lector de estas notas, que una vida con Jesucristo como Luz que alumbra, tiene sentido y fundamento. Está reñida con la soledad y el resto del cuadro característico patológico antes descrito, y con la alienación que turba la razón y la conciencia de la propia identidad.
Una vida dedicada a amar a Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, jamás dañará a otra vida, ni incurrirá en relativismo absoluto ni en ningún tipo de relativismo, que lleva a pactarlo o negociarlo todo, incluso, la vida, el principal derecho humano fundamental. Respetará la vida en todo momento (Pablo VI, Evangelium vitae, No. 20).
La libertad nos la confirió Dios para tener presente que la vida es corta, no es un pasatiempo, y que tenemos la obligación de darle sentido. De dotarla de dignidad trascendente que, como sostiene Benedicto XVI, “es compromiso que no depende sólo de las ciencias sociales, dado que requiere la aportación de saberes como la metafísica y la teología” (Cáritas in veritate No. 53).
La familia humana para que se desarrolle en lo individual y como pueblo, es necesario que reconozca que es parte de una sola familia que colabora en comunión con las demás familias, y que está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro.
¿Cómo se valoriza el ser humano?
No aislándose sino poniéndose en relación con los otros y con Dios. Según la revelación cristiana, la comunidad de los hombres no debe absorber a la persona anulando su autonomía, como ocurre con los diversos tipos de totalitarismos, que tienen por finalidad llevarla a que pierda su autoestima, el valor y grandeza de sí misma, su amor por la libertad, el goce de la propia humanidad y de establecer una relación de solidaridad y comunión con los demás hombres, para lo cual Dios creó al hombre y a la mujer.
Los pueblos no pueden aislarse. La globalización los lleva a luchar por una globalización en la solidaridad (Juan Pablo II, Jornada Mundial de la Paz, 1 de Enero de 1998).
En lo individual la vida tiene sentido cristiano, en cualquier circunstancia, por dolorosa que sea, si se asumen valores, tales como la libertad, responsabilidad, autotrascendencia, el valor único de la persona, el SER como más importante que el tener… Si se asume que Cristo es el héroe del SER, que nunca te dejará en las tinieblas, nunca te dejará en la soledad y será siempre Luz del mundo.