
La globalización no cuenta, entre sus aspectos positivos, a
la hermandad. Las desigualdades sociales y económicas aumentan; la pobreza y la
injusticia le acompañan. No puede ser de otra manera.
Una persona honesta, competente, de buena fama en esta
sociedad, afirma que siempre han existido y existirán. De acuerdo; pero, si siguen
avanzando, a extremos de que para el subcontinente latinoamericano, 208
millones de personas están a punto de regresar a la pobreza, la situación será
cada día más explosiva. No importa talentos, el ser buenos trabajadores,
eficientes! Para fuera ya!
Brilla la cultura de la indiferencia ante lo que sucede. El
descarte se extiende, ya no sólo a viejos, niños, sino a jóvenes que no tienen
oportunidades de ingresar a empresas para optar a un trabajo digno y bien
remunerado. Indudablemente tiene razón, Francisco, al plantear en “Laudato si”,
ecología integral, que abarque dimensiones humanas y sociales (No. 137).
La convivencia “se parece cada vez más a un mero do ut des
pragmático y egoísta” (Francisco, 1 de enero de 2014, Primer Mensaje suyo por
la Paz). No puede ser de una manera distinta.
Poco importa la suerte del hermano. Parece que Caín
reapareciera para asesinar a su hermano, Abel.
Jesús quiere recordarnos, en todo momento, que “somos
hermanos” (Mt 23, 8-9).
No puede haber paz sin fraternidad. Es causa de pobreza. Ella
es fundamento y camino hacia la paz.
Según Pablo VI debe reinar, no sólo entre las personas sino
también entre las naciones. La paz es “desarrollo integral de los pueblos” (PP);
para Juan Pablo II es “opus solidaritatis” (SRS).
La igualdad de oportunidades, que es de corte liberal, no se
logra con una injusta distribución de la riqueza. La excesiva desigualdad en su
distribución, lleva, de manera urgente, a definir y aplicar políticas que la
atenúen.
Cristo nos enseña a servir, porque el servicio es el alma de
esa fraternidad que edifica la paz (Francisco)
Sin amor a Dios no hay fraternidad, ni solidaridad.
Seamos fraternos si queremos un mundo mejor que
el actual. Ni con el muro de Berlín, ni el que asoma Donald Trump en la
frontera Mexico-Texas como se atenúan o se solucionan los problemas socioeconómicos
en paz. El primero fue derrumbado y el segundo, ¿Qué suerte correrá?