lunes, 6 de abril de 2015

Documentos que mueven la historia

Era enero de 1973, cuando, la Conferencia Episcopal Española, dictó la Instrucción Pastoral, titulada, La Iglesia y la Comunidad Política (20-1-1973). Podría afirmarse que, la larga dictadura del General Franco, llegaba a su fase final (1969-1975).
El régimen franquista era monocolor. Crecía, de manera incontenible, la oposición, no obstante, la feroz represión expresada en estados de excepción, de presos políticos, supresión de la autonomía universitaria, cierre de diarios, como “Madrid”, pero, también de indultos forzados por la presión interna e internacional de los principales políticos implicados en el asunto MATESA.
Con esa Instrucción, documento que mueve la historia más allá de su presente, la Iglesia Católica española quería aplicar las enseñanzas del Concilio Vaticano II a la situación política española. Ya la psicología de la Iglesia comienza a cambiar. Se plantea la necesaria revisión del Concordato de 1953, normativo de las relaciones Iglesia-Estado.
Son tensas las relaciones entre ambas instituciones. La Iglesia se distanciaba, cada día más, del régimen autoritario de Franco. Los sacerdotes encarcelados aumentaban. Todo por exponer en sus homilías la enseñanza social y política de la Iglesia. Los movimientos apostólicos seglares superaban en número, abiertamente, a la Falange y a los partidos políticos.
Los obispos habían expresado la necesidad de corregir la injusta distribución de la riqueza, causa de hirientes e indignas desigualdades humanas, de avanzar hacia la democracia, controlar el poder y gasto público por parte de los ciudadanos. ¿Cómo podía ser católica una sociedad donde no se respetaba la dignidad humana al no haber una justa distribución de la riqueza? Lo social no escapaba del conflicto  en medio de una tranquilidad que, para muchos, constituía “la paz de los sepulcros”. Sabido es que todo progreso es resultado de una necesaria tensión histórica porque nunca existirá tranquilidad absoluta, ni seguridad del mismo tenor.
Mater et Magistra, encíclica del Papa, San Juan XXIII, del 13-7-1962,  planteaba – lo sigue haciendo con vigencia desprovista de dudas al respecto – a los gobernantes, a la autoridad, su deber de servir al bien común y de observar el principio de subsidiaridad que ejecutado enaltece la moral, la ética y la dignidad de las personas, de los pueblos, y los protege de populismos y asistencialismos que les destruye.

Eran tiempos de cambios que se aproximaban en España. De reformas, no sólo económicas sino también políticas, de darle información al pueblo, abriendo canales de participación y de libertad. Ya vendrían tiempos felices para España. Los tiempos de Felipe González y su rol protagónico junto a otras personalidades políticas que jugaron igual rol.

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Juan Manuel Estrada
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Escritos en el Tiempo