domingo, 8 de mayo de 2011

Ni riqueza ni pobreza

“... no me des riqueza ni pobreza, concédeme sólo el pan necesario” (Prov 30, 8)
Parece que el hombre siempre se pregunta ¿cómo se le manifiesta Dios?
A través de los sueños, de acontecimientos históricos, y, también, con el silencio.
La oración sincera, permite al hombre, revelarle al Todopoderoso, por medio de su Hijo amado, Jesucristo, el contenido de sus sueños y de sus angustias que, en estos tiempos de inseguridad e incertidumbre, aumentan.
Generalmente, en el hombre desempleado o con trabajos, cuyos salarios no le alcanzan para llevar una vida digna él y su familia - en Venezuela, se afirma, el 21 por ciento de los trabajadores devenga salario mínimo y cesta ticket - es recurrente el sueño por el día de mañana. Y, por supuesto, se expresan en símbolos de todo tipo, conformadores de la angustia.
En esos instantes, Dios habla, y remite a las Sagradas Escrituras.
La Biblia responde preguntas tales como ¿qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿con qué nos vestiremos?. Preguntas que surgen ante una economía en constante proceso inflacionario.
Y lo primero que recomienda el Libro de Dios es la oración por los soberanos y gobernantes para que establezcan condiciones para la existencia de una economía sana, “para que podamos vivir tranquilos y serenos con toda piedad y dignidad” (1 Tim 2, 2).
Porque todos, ricos y no ricos, logran vivir en tranquilidad, en paz, cuando la economía se traduce en bienestar para la entera población. Noruega es un ejemplo de lo que afirmo.
La Sagrada Escritura sana esa angustia vital de hombres y mujeres de fe en Dios y en Jesucristo. ¿Por qué? porque confían en Dios. “... no se angustien pensando: ¿qué comeremos?, ¿qué beberemos? ¿Con qué nos vestimos?... el Padre del cielo sabe que ustedes tienen necesidad de todo aquello. Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás lo recibirán por añadidura. Por eso no se preocupen del mañana, que el mañana se ocupará de sí. A cada día le basta su problema” (Mt 6, 31-34).
El cristiano católico debe orar mucho porque haya justicia. Porque hayan numerosas empresas y muy buenos - por dignos y abundantes - empleos. Debe asumir el compromiso de denunciar públicamente las causas de la injusticia social. Al cristiano católico le debe preocupar la existencia de millones de desempleados que no ven la providencia de Dios por no tener fe y confianza en Él.
Ese compromiso le debe llevar a pensar en lo del Proverbio: “Dos cosas te pido a ti, Dios mío, no me las niegues mientras viva: aleja de mí la falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza; concédeme sólo el pan necesario...” (Prov 30, 7-9)

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Juan Manuel Estrada
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