lunes, 6 de diciembre de 2010

El recuerdo de la Navidad y sus enseñanzas


“… si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo estruendoso” (1 Co 13, 1).
Hay quienes afirman: “al pasado, písalo”. “Miremos sólo el presente y pa´lante”, agregan.
Recuerdo que, a una persona, muy destacada en la sociedad marabina, que me ha dicho varias veces que es mi amigo, cierto día le traté de recordar a su padre y ¡caramba! casi que recibí un regaño de su parte… “si quieres mi amistad, no me hables del pasado…”, me espetó.
Le estaba tratando de hablar de su padre, un hombre progresista y empresario exitoso, que le dio oportunidades para ser alguien en la vida y que supo aprovecharlas. He allí su mérito.
El pasado hay que verlo para no volver a incurrir en errores y pecados. Es la conducta que, individualmente o como personas, o como pueblo, debemos asumir. En esto, la historia, ciencia y maestra de la vida, nos enseña mucho.
El pasado nos trae a la mente recuerdos alegres y tristes. La Navidad y sus días son proclives a estos estados de ánimo. Negarlo, sería incurrir en insinceridad.
Lo que yo no comparto es anclarse en el pasado. Es enfermedad. Y como rechazo esta conducta humana, digo: “al pasado, písalo”. Vive el presente con alegría.
La Navidad está precedida del Adviento.
El Adviento es el inicio del Año Litúrgico. Es tiempo de conversión, de transformación de vida, de dejar viejos comportamientos, de preparación para vivir la esperanza, representada en la celebración del Misterio de la Encarnación de Dios-hombre, del Niño Jesús, que está próximo a nacer.
Nada impide recordar, siempre que sea para vivir (recordar es vivir cuando se ama) y para tratar, partiendo de esos recuerdos, de invitar a estilos de vida fundados en valores.
¿Qué recuerdo de la Navidad de mi niñez, adolescencia y de un poco más allá?
Que eran días de alegría, mucha alegría y de mucho, mucho, compartir. En esto último, había que ver como desfilaban los platos y se intercambiaban de casas en casa.
En cada hogar, que visitaba, encontraba música (gaitas, villancicos, no faltaba Billo´s…), conjuntos gaiteros, comidas – hallacas, pan de jamón, majarete, dulce de lechosa con manjar, caldo de gallina, etc. -. Que conste que, eso lo viví, en la urbanización donde nací, para más señas, en la urbanización Urdaneta. El pesebre no faltaba nunca.
Yo salía, a pie, de casa en casa, por las calles, a saludar, los días 23, 24, 25, 31 y 1 de enero. El feliz año era todo un acontecimiento de afecto. Se disfrutaba sanamente todo diciembre, el más bonito de los meses. Jóvenes, llegamos a tener un conjunto gaitero, cuando el boom de la gaita a inicios de los sesenta del siglo XX.
Todos nos saludábamos.
Ese ambiente navideño, pletórico de alegría, lo viví más allá de la adolescencia, incluso, muchos años después de casado. Yo contraje nupcias con Lérida los días 26 y 27 de diciembre de 1970. Estamos próximos a cumplir 40 años de feliz unión conyugal.
¿A qué invita ese ambiente navideño del recuerdo?
Al retorno pleno de la alegría.
No voy a ser radical, diciendo que no hay alegría en la Navidad actual; pero, créanme no hay comparación. Y que conste expresamente, que no comulgo con aquello de que todo pasado fue mejor.
Al regreso del mucho compartir. Es un valor solidario y de amor al prójimo.
Volver a la seguridad en las calles que, permita, nuevamente, andar a pie, en Navidad, saludando a todos, y que podamos hacerlo todos los días. ¿Sueño?
Pues bien, quiero soñar en una Venezuela de paz y de bienestar para todos.
Que la gente sepa que la paz verdadera la conseguimos sólo en Dios y en los bienes eternos.
Nos invita a ir a la Iglesia. A asistir a las misas de Adviento, de Aguinaldo y de Navidad para celebrar la venida del Niño Jesús: nuestro Salvador.
Saludo a La Grey Zuliana. Auguro para todos, feliz Navidad y un próspero Año Nuevo. Como dice el apóstol Pablo: “nada de comilonas ni de borracheras” (Rom 13, 13).
Disfruten sanamente estos días. Compartan mucho. Es una manera de agradar a Dios.

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Juan Manuel Estrada
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