martes, 3 de diciembre de 2013

Mensaje de Navidad

El Mensaje de Jesús es luz en medio de las tinieblas, que ilumina con el esplendor de verdades celestiales un mundo obscurecido por trágicos errores, que infunde alegría exuberante, y confiado a una humanidad angustiada por profunda y amarga tristeza.
Mensaje que anuncia y proclama una consoladora realidad presente; la realidad de un mensaje vivo, y vivificante: la realidad de la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1, 9) y que no conoce ocaso. Es palabra de vida eterna, capaz de resolver los problemas más atormentadores, que no pueden ser resueltos con criterios o medios efímeros y puramente humanos.
La Iglesia no pretende tomar partido por una u otra forma particular y concreta con que los pueblos y Estados tienden a resolver los gigantescos problemas de orden interior y de colaboración internacional, siempre que respeten la ley divina… pero por otra parte la Iglesia no puede ser sorda ante el grito angustioso y filial de todas las clases de la humanidad… hacerles llegar todo el alivio y el socorro que esté a su alcance.
Las relaciones internacionales y el orden interno están íntimamente unidos, porque el equilibrio y la armonía entre las naciones dependen del equilibrio interno y de la madurez interior de cada uno de los Estados en el campo material, social e intelectual. Ni es posible realizar un sólido e imperturbable frente de paz en el exterior sin un frente de paz en el interior, que inspire confianza.
La convivencia social requiere de dos elementos primordiales: 1. La convivencia en el orden y 2. La convivencia en la tranquilidad.
En el ámbito del orden, el desconocer a la persona y a su propia vida, tarde o temprano, la doctrina que lo haga, seguirá un falso camino.
Las actividades, entre ellas, la económica, han de estar impregnadas y sancionadas por el pensamiento religioso. En armonía, en la que la diferencia funcional de los hombres consigue su derecho y tienen adecuada expresión; caso contrario, se deprime el trabajo y se rebaja el obrero.
Los legisladores han de abstenerse de seguir peligrosas teorías y prácticas, dañosas para la comunidad y para su cohesión. Por ejemplo, el positivismo jurídico, que atribuye una engañosa majestad a la promulgación de leyes puramente humanas y abren una funesta separación entre la ley y la moralidad; aquellas teorías que consideran al Estado o a la clase que lo representa como una entidad absoluta y suprema, exenta de control y de crítica, incluso cuando sus postulados desembocan y tropiezan en la abierta negación de valores esenciales de la conciencia humana y cristiana.
El derecho allana el camino al amor, el amor suaviza el derecho y lo sublima. Hace posible una fraterna convivencia. En cambio, el dominio de ideas materialistas, una sociedad apóstata de Dios, le presagia catástrofes.
Otro elemento fundamental de la paz, es la tranquilidad. Más para un cristiano consciente de su responsabilidad, aun para con el más pequeño de sus hermanos, no existen ni la tranquilidad indolente ni la huida, sino la lucha, el trabajo frente a toda inacción y deserción en la gran contienda espiritual, en la que está puesta en peligro la construcción, aun el alma misma de la sociedad futura.
Para todos: es vano agitarse, fatigarse y afanarse, sin apoyarse en Dios y en su luz eterna.
La esclavitud económica es inconciliable con los derechos de los obreros. Que esta esclavitud se derive del predominio del capital privado o del poder del Estado que lo domina todo y regula toda la vida pública y privada, el efecto no cambia. Esta falta de libertad puede tener consecuencias muy graves, como lo manifiesta la experiencia.
No lamentos, acción es la consigna de la hora, no lamentos de lo que es o fue, sino reconstrucción de lo que surgirá.
Que brille la estrella de Belén sobre toda la humanidad, con augurio de un porvenir mejor; que brille la estrella de Belén para que la dignidad y derechos de la persona humana sean respetados; que brille la estrella de Belén para que haya unidad social, en especial, en la familia; que brille la estrella de Belén para que sea respetada la dignidad del trabajo; que brille la estrella de Belén para que haya reintegración del ordenamiento jurídico, fundado en el supremo dominio de Dios y de una conciencia defendida de toda arbitrariedad humana; que brille la estrella de Belén para que exista una concepción del Estado según el espíritu cristiano.
Es un Mensaje de Navidad para todos los pueblos de la tierra. Es tomado del Radio Mensaje de Navidad de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, del Papa Pío XII, de vigencia para el mundo de hoy.

lunes, 25 de noviembre de 2013

El bautizo de una nueva vida

Atendiendo una invitación, asistí al bautizo del libro “Aprender a Vivir con pasión y compasión”, cuyo autor es Antonio Pérez Esclarín, un nuevo hijo de este brillante educador y escritor.
El acto se celebró el sábado 23 de noviembre en el Colegio La Merced de esta Ciudad de Maracaibo, la tierra del sol amada.
Edificante fue la exposición del conferencista Pérez Esclarín y como es costumbre mía, tomé notas que voy a compartir con ustedes.
Romper cadenas. Hay que romper cadenas para ser mejores. Todos nacimos para ser águilas y no gallinas. Somos Hijos de Dios y, por tanto, seres maravillosos. Nada puede detenernos al volar.
Regalos. Cada día recibimos regalos. Debemos ser agradecidos y hacer lo mismo con todos. Son muchas las cosas que podemos regalar a los demás: una sonrisa, un abrazo, un saludo, buen trato, amabilidad… El autor al referirse a una nieta que tiene dijo: Es una fuente de primavera en el otoño de mi vida.
A diario debemos enumerar todo lo que recibimos y sentir la alegría correspondiente.
Recuperar la capacidad de asombro. De ver a Dios en todo.
Aprender a mirar con los ojos del corazón. La belleza está en el corazón. Es de día cuando estás conmigo; es de noche cuando te vas. De “Marianela”, novela de Benito Pérez Galdós.
Los cristianos católicos somos militantes de la esperanza. Que nada ni nadie nos quite la paz.
Venezuela es una Tierra de  Gracia. Ante sus bellezas, que la hacen país de ensueño, el conquistador le dio ese nombre: Tierra de Gracia. La descripción que hiciera Pérez Esclarín del país fue todo un bello poema.
El educador es el partero del alma. Ha de ver a un niño como lo que es, un tesoro. Verlo con el corazón. Enseñarle para qué es bueno. Esculpir corazones. No estar pensando sólo en la paga.
La vida no se nos ha dado construida. Decidimos qué hacer con ella: o para la cima o para el abismo.
Hay que hacer silencio para encontrarme. Para saber quién soy, cuáles son las cosas importantes. Saber que la vida es un proyecto y una misión. Hay que construirla. Hay que hacer la planificación de uno mismo. Sembrar vida. Sembrar sonrisa. Ser libres para amar y libres para servir.
El amor.
No hay hoy una palabra más manoseada que amor.
Cuando se ama se aprende a decir no y no por ello  dejamos de amar.
Hay incapacidad de amar. Amor no es sentimiento, es querer el bien para el otro o para la otra. Es una decisión que implica coraje, valor, voluntad. No hay que dejar que el amor muera de hambre. Es un manantial. Es detalle y es fuego. Es un permanente estar enamorado. Es buscar que el otro o la otra crezca. Que sea capaz de amar como el o ella ama.
No envanecerse con los títulos para mirar desde arriba a los demás. Formarse constantemente para ser sencillo y mirar hacia abajo. Servir al humilde. El amor se ejerce con servicio. “Dar hasta que duela”, vivir la vida como un regalo para los demás, y encontrar en el servicio la felicidad. Porque la puerta a la felicidad nunca la abre el rencor, la envidia, los celos, la violencia, la maldad. La abren la amabilidad, el esfuerzo, la honestidad, la solidaridad, el servicio, como nos lo recuerda Tagore:
Yo dormía
Y soñaba que la vida era alegría.
Desperté y comprendí que la vida era servicio.
Serví y encontré la alegría.
Contó que una pareja estuvo muchos años de casados y él le enviaba a ella un ramo de rosas rojas cada año. Murió y ese año, también recibió ese ramo. Ella llamó al florista reclamando. El le dijo que su esposo había dejado abierta una cuenta para que siguiera recibiendo ese ramo. Dejó una nota, muy bonita, donde decía que lo hacía por los años felices que vivieron juntos. Le deseaba que encontrara la felicidad, no obstante, lo difícil que fuera. Palabras más palabras menos, todas hermosas.
La fe es creer en Dios, pero es más difícil creerle a Dios.
Vivir sirviendo a los demás.  Jesús nos invita con el Padre Nuestro, que está compuesto de oraciones colectivas. Vivir la vida sirviendo al proyecto de Dios.  Yo voy donde tengo que ir; yo voy donde tengo que hacer; y la felicidad me sigue.
Dedícate a hacer felices a los demás.
La conferencia de este cristiano católico fue un Niágara de cosas bellas y eternas que nos hacen recordar que son más importantes que lo material, que es efímero. La vida no es para la superficialidad ni la trivialidad sino para lo trascendente. Que la vida tenga siempre sentido para amar a Dios y al prójimo como a uno mismo, y a la libertad que nos permite soñar y despertar siempre con la esperanza puesta en un mundo mejor de humanidad, solidaridad, justicia y de paz.

martes, 19 de noviembre de 2013

La solemnidad en radio mensaje de Pío XII

Sólo Jesucristo puede convencer de que la verdadera salvación y felicidad duradera para los individuos como para los pueblos está en la verdad enseñada por Jesucristo (Radio Mensaje 2).
Con valentía, digna de encomio, el 1 de junio de 1941, el Papa Pío XII se dirigía al mundo para celebrar los 50 años de la encíclica Rerum Novarum. Y lo afirmo de esa manera, porque, en medio de la Segunda Guerra Mundial, había que tener valor para pronunciar ese mensaje, que se ocupaba, al igual que la Rerum Novarum y la Quadragésimo Anno, de León XIII y Pío XI, respectivamente, del llamado problema social y las causas que lo generaban.
La Solemnidad a la que se refiere es la de Pentecostés y el ámbito donde se pronuncia, es la plena guerra mundial con tres ejes o partes en conflicto: Roma-Tokio; Francia, Inglaterra, Rusia y luego Estados Unidos. Alemania, con Hitler a la cabeza, era el enemigo a vencer.
Decía, al inicio de su intervención, que “con verdadera complacencia nos servimos el día de hoy de medio tan maravilloso – la Radio – para llamar la atención del mundo católico sobre un acontecimiento digno de esculpirse con caracteres de oro en los fastos de la Iglesia, de la publicación de la encíclica social fundamental Rerum Novarum de León XIII, del 15 de mayo de 1891”.
Reafirmaba el deber y el derecho de la Iglesia en intervenir en el llamado problema social dado que el mismo tiene un conjunto de aspectos morales que no son ajenos al fin de la Iglesia por ser ella la portadora de la revelación divina.
Pío XII desarrolla una doctrina nueva al abordar el uso de los bienes materiales que, habiendo sido creados por Dios, deben estar distribuidos de tal forma que lleguen a todos los hombres, de acuerdo con la justicia y la caridad. La propiedad privada – que el Sumo Pontífice  reafirma – es un derecho sometido a ese derecho primordial y el Estado tiene el derecho y la obligación de intervenir para garantizar esa distribución para todos los hombres.
Afirmaba, con meridiana claridad, que la verdadera riqueza de los pueblos no está en la producción y posesión de la cantidad de bienes que poseen, sino que los mismos, muchos o pocos, estén distribuidos de tal forma que cumpla con el principio de que los bienes han sido creados por Dios para todos.
El trabajo viene a ser el medio para entrar en posesión y uso de los bienes materiales. El Estado ha de velar por el bien común, siempre que sus verdaderos protagonistas no realicen los fines que tiene el trabajo, para dignidad del trabajador, de su manutención y de su familia.
Los católicos desarrollan su obligación y derecho a intervenir en la construcción temporal y material de la sociedad humana.

Cuando en 1958, el Papa Pío XII falleciera, Golda Meir (Ministro de Asuntos Exteriores de Israel) dijo de él lo siguiente: “Compartimos el dolor de la humanidad… Cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo, la voz del Papa se elevó a favor de sus víctimas… Lloramos la muerte de un gran servidor de la paz”.