domingo, 10 de enero de 2010

Los pueblos artífices de su destino

¿Hay solidaridad universal? ¿Qué significa esa frase?
Cuando hay solidaridad entre todos los países, de ellos entre si, decimos que hay solidaridad universal.
La solidaridad universal es un deber.
Esa solidaridad es entre iguales. No debería ser de otra manera, porque sería desvirtuarla.
La solidaridad debería seguir el ejemplo del cuerpo humano. Los órganos que lo conforman no se cree ninguno superior y todos hacen la labor para que funcione a cabalidad el cuerpo.
La interdependencia debería llevar a la conciencia de que todos son necesarios para que el cuerpo, que es el planeta, funcione a cabalidad.
Interdependencia es dependencia recíproca.
¿Qué se entiende por globalización?
La tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales. Esa extensión justifica a plenitud esa solidaridad universal, principalmente de países más opulentos - ¿desarrollados? ¿no dependientes? – para con los débiles. Y de esto se trata: que los ricos asuman como deber la solidaridad con los países más necesitados de desarrollo.
Pero ¡ojo! cada país tiene derecho a un desarrollo humano integral y propio.
Juan XXIII hablaba de la necesidad del Bien Común Universal como garantía de paz en la tierra. Debe leerse “Pacem in Terris”.
¿Cómo lograrlo?
¿A través de una Autoridad Pública Internacional? Pero – de nuevo - ¡ojo!. Ya hemos visto con dolor como la ONU se ha visto débil ante los poderosos, ante la voluntad de estos. ¿Es verdad?
La solidaridad no se impone ni se puede aceptar con condiciones.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre (1948) es carta magna política de todos los pueblos y su aplicación plena no debe dejar de ser motivo de lucha constante y permanente.
Ya se ha convertido en un latiguillo repetido que la ONU debe tener más autoridad. ¿Va a ser sustituida? ¿Va a nacer una Autoridad Única Mundial que surja por el consenso de todos los pueblos del mundo? ¿Los procesos de integración conducirán por esa vía?
La globalización requiere de una autoridad y una ley fundamental que regule con justicia y equidad los mercados.
Los países ricos deben limitar lo superfluo y combatir los vicios. Tendrían más recursos para el ejercicio de la solidaridad, para que haya comida, instrucción básica, agua potable, y cuidados sanitarios elementales para todos. Los derechos del hombre tienen un fundamento natural y de dignidad inalienables, de personas creadas por Dios. Así deben ser apreciados por la comunidad internacional.
Esos derechos no pueden estar sujetos a interpretaciones meramente positivistas ni estar sujetos a cambios por congresos o asambleas.
¿Cuál es el fin de la solidaridad mundial?
Que los pueblos sean “artífices de su destino”, como afirmara Pablo VI. Que con la ayuda que reciban sean propios autores y ejecutores de su desarrollo. Que el pasado, marcado por relaciones de fuerza, sea sustituido por el día en que las relaciones internacionales lleven el sello del mutuo respeto y de la amistad.
Estas notas las he escrito guiado por la Encíclica Cáritas in veritate de Benedicto XVI que invito, a todos los creyentes y no creyentes, a leer y estudiar. Vale la pena hacerlo.

domingo, 3 de enero de 2010

La lucha contra el hambre

“Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer…” Entonces, los justos dirán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer?… Cada vez que a esos pequeños den de comer, lo están haciendo conmigo” (Mt 25, 35-37-42).
Jesús vino a darle de comer su cuerpo y darle de beber su sangre a todo el que tuviera hambre y sed. Es la institución de la Eucaristía que, desde el siglo II, según San Justino mártir, se viene celebrando por los cristianos, todos los días. Es la Fracción del Pan y del Vino que, a todos, sin excepción, sin discriminación de ningún tipo, se les da al comulgar.
Pero Jesús dio, también, a esos pequeños, que son los pobres de ayer y de hoy, que alarmantemente crecen, el pan material, a través de uno de sus milagros: La multiplicación del pan. Y todos comieron hasta llenarse y sobró pan.
Son los millones de seres que padecen la miseria por falta de pan y de agua, de vestido, de salud, y, que, por tanto, no pueden atender la vida como debe ser.
Es bueno resaltar que la pobreza no es sólo material. Hay “pobrezas inmateriales”, que como dice Benedicto XVI, mi admirado y sabio Papa, “no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico” (Benedicto XVI, 1 de Enero de 2009. Jornada Mundial por la Paz. Combatir la pobreza, construir la paz).
En Cáritas in veritate, no. 27, el Papa afirma que en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo es salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta.
Hay ricos que olvidan que existen millones de Lázaros pasando hambre. Son los que viven en ostentación, en placeres de vida disipada, egoístas, codiciosos, que, al pobre no le permiten ni siquiera disfrutar de las migajas que, como comensales, tiran de la mesa. Dar de comer al hambriento es un imperativo ético, para la Iglesia, para todos los cristianos, gobernantes, ricos, y personas de buena voluntad. Es por la paz en el mundo que, tiene, en el elenco de los derechos humanos, el de la alimentación y el acceso al agua potable. La lucha es por tanto contra el hambre.

sábado, 26 de diciembre de 2009

La vigencia del pensamiento de Rafael Caldera

Acaba de fallecer Rafael Caldera, dos veces presidente de Venezuela.
Haciendo abstracción de sus presuntos o reales errores, que no podían estar ausentes de una extensa “parábola vital” de luchador, voy a rendirle homenaje a un insigne venezolano.
Ese homenaje lo fundamento, analizando su pensamiento expresado en su mensaje final publicado en El Nacional del 26 de diciembre de 2009, día cuando sus restos recibían cristiana sepultura. El dejó esta vida el 24 de diciembre a las dos de la mañana cuando el Príncipe de la Paz, el Niño Jesús estaba próximo en venir para salvarnos y no juzgarnos por nuestros pecados.
Por ese pensamiento, vigente para quien escribe estas notas, guió su vida de luchador.
¿Cual es ese pensamiento? La lucha por la justicia social y la libertad.
Dejar a un lado el autocratismo, la propensión militarista, los extremismos de la izquierda y las desigualdades sociales. La república democrática es el resultado de la firmeza de las instituciones, mejores condiciones de vida, la separación de los poderes públicos y el imperio de la Constitución y las leyes.
El mensaje es una reafirmación de fe democrática. De Combate a los extremismos del liberalismo económico y el socialismo colectivista que, de nuevo, han fracasado.
La democracia necesita de una arquitectura para su organización. Esta arquitectura consiste en que la democracia tenga sustancia o contenido, y la existencia de sufragio universal, la representación mediante el parlamento de la voluntad general, existencia de partidos políticos, pluralismo de corrientes y la expresión a través de los medios de comunicación social.
Sin libertad el desarrollo no tiene sentido. Yo podría afirmar que es la tragedia de China con su comunismo – capitalismo el “ejemplo” incapaz de aceptar la más mínima disidencia.
“Sin libertad, se puede perfeccionar la industria pesada, pero no la justicia o la verdad”. Caldera.
El derecho laboral, que lo tuvo a él como uno de sus grandes cultores, en este mensaje que parece una carta dirigida no solo a los venezolanos sino allende las fronteras de Venezuela, se resalta. Podría decir que es una carta de un laico cristiano católico que encontró, en la Política, la manera más cristiana de servirle al prójimo.
Una democracia debe valorar y proteger el trabajo, que es “pieza fundamental de la civilización”.
Una democracia debe enaltecer a la familia, célula de la vida social.
Caldera se fue con la esperanza en la nueva juventud de la Patria que como nuevas generaciones, llenas de ideales, anhelan lanzarse a la conquista de la tecnología, al dominio efectivo de los recursos naturales, a la integración armónica que dé a nuestras naciones entidad suficiente para no estar sujetas al capricho de las grandes potencias. “En fin, aspiran a una revolución tan diferente de las revoluciones tradicionales que envuelva…, una concepción revolucionaria de la revolución”
Que haya libertad para lograr la justicia y ejercer la solidaridad humana porque “… la miseria en cualquier país de la tierra es una amenaza ineludible para la prosperidad y el bienestar en todos los países”. Debe haber Justicia Social internacional para oponerla a una globalización sin control.
Interesante resulta para mí, una de las citas al hoy venerable Papa, Juan Pablo II. Dice en su mensaje Rafael Caldera “contamos con la ayuda divina, el don de la gracia que viene de Dios como recordaba el venerado Papa, Juan Pablo II. Por medio de ella – nos dijo -, en colaboración con la libertad de los hombres, se alcanza la misteriosa presencia de Dios en la historia que es la Providencia” (Centesimus annus, No. 59)
En el resurgir de los partidos, que necesitan de una verdadera calidad humana de sus dirigentes, yo les recomendaría la lectura y estudio de este mensaje, de un luchador de “extensa parábola vital”: Rafael Caldera.
La historia lo juzgará. Dará su veredicto. La historia dirá cuales fueron sus presuntos o reales errores. Hasta dónde llegará la trascendencia de los mismos. Para mí, sin pretender influir en la historia, Rafael Caldera fue un hombre público honesto, y que amó la paz, luchó por ella. Si en ese veredicto así se deja sentado, será su éxito para la posteridad. Honestidad que hoy hay que poner de moda. Ser honesto es ser revolucionario y Caldera lo fué.