lunes, 7 de diciembre de 2015

Tomando la realidad actual; reflexiones en torno a la Octogésima Adveniens

(Dedicado al peregrino de la paz y apóstol de la esperanza el Papa Francisco)
Pablo Vi publicó la Carta Apostólica Octogésima Adveniens el 14 de mayo de 1971, con ocasión de los 80 años de haber entrado en vigencia la encíclica Rerum Novarum. Se la dirigió al Cardenal Mauricio Roy, que presidía un Pontificio Laical, génesis de la Comisión de Justicia y Paz.
Leyéndola, en concordancia con la realidad mundial y nacional, vemos que hay que dar respuestas a un mundo de cambio. ¿Cuáles serían esas respuestas? Sin duda, que aunque las realidades pueden ser iguales o parecidas difícilmente se pueda dar una solución universal. Las soluciones dependerán de cada circunstancia nacional – dentro de ésta hay diferencias entre las regiones -, obviamente, las de otros países responderán a sus condiciones sociales, económicas, culturales y religiosas. De plano, rechazo un mundo unidimensional u homogeneizado que dé al traste principalmente con las culturas de los pueblos.
El esfuerzo de las soluciones si debe ser de unidad de todos por lograrlas para un mundo de justicia y de paz.
Han crecido los cordones de miseria al lado de “megalópolis” (urbanizaciones), donde el despilfarro y el consumismo es una afrenta permanente para el proletariado que forman esos cordones. Paz con estas condiciones es casi imposible de lograr. Son las consecuencias de las desigualdades sociales, de la desequilibrada distribución de la riqueza y de carencia de vida fraterna que podría lograrse con centros culturales, espirituales, recreativos, lugares para encuentros comunitarios, que eviten el aislamiento y la indiferencia social.
Esos centros, especialmente los deportivos, podrían ser proclives al diálogo y encuentro permanentes entre jóvenes y generaciones adultas. La discriminación ha de ser erradicada en contra de jóvenes, mujeres, ancianos, minusválidos, etc. Esos centros, el arte, los talleres, conferencias, y otros similares, llevan al encuentro, a mirar al otro y no tenerle miedo. Llevan a la construcción de la justicia, de la paz, de la fe y de la esperanza de un mundo más humano.
La imaginación de las clases pudientes debe estar dirigida a crear numerosas fuentes de trabajo. A enseñar el valor de la economía y a rechazar el delito económico, ese que realiza el intermediario al aumentar arbitrariamente los precios de los productos. Se hace necesario consagrar el delito económico en las constituciones y leyes penales.
Los medios de comunicación social públicos y privados deben estar dirigidos a crear una cultura para la vida y no para fomentar el odio, el resentimiento o para la ganancia exclusiva, si son privados.  La verdad de las informaciones es sagrada. El ejemplo debe partir primero de los gobiernos en el uso de los medios que, además de respetar la verdad de la información, lo haga también con la dignidad personal de quien disienta.
Cultura por un sistema libre de contaminación. Velar por ciudades limpias, arborizadas, oasis de arte, de creación y de humanidad.
Enseñar que los conflictos se solucionan dialogando. E invertir más en educación que en armamentos.
Todo cristiano tiene el compromiso de intervenir en política al servicio de los demás; pero Pablo VI advierte que una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferentes. Tener conciencia de la solidez del cristianismo ante las ideologías.

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Juan Manuel Estrada
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Escritos en el Tiempo