miércoles, 13 de agosto de 2014

Principios para la convivencia social

“… la Iglesia habla desde la luz que le ofrece la fe” Benedicto XVI.
La dimensión social de la evangelización nos lleva a hacer presente en el mundo, el Reino de Dios. A asumir compromisos por el bien común, la justicia y la paz. Esta se construye día a día luchando por el desarrollo integral de todos los hombres y mujeres que habitamos en este sufrido planeta tierra.           
No podemos permitir, en aras del respeto de la dignidad humana, que nos arrastren como masa; al contrario, estamos obligados a participar por la existencia de una ciudadanía, que tenga vida política, paz, justicia y fraternidad.
Hemos venido estudiando y meditando, sacándole el jugo, a la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, del Papa Francisco. El habla de cuatro principios  que aplicados garantizan el desarrollo “de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común” (EG, 221). Son principios que “brotan de los grandes postulados de la Doctrina Social de la Iglesia” y que están relacionados con la realidad social.
Son cuatro: 1. El tiempo es superior al espacio. Permite trabajar a largo plazo sin obsesionarse por los resultados inmediatos (EG, 223), que pueden producir “un rédito político fácil, rápido y efímero, pero que no construyen la plenitud humana” (EG 224). Hay que evitar la velocidad, andar sin prisa pero sin pausa, siguiendo procesos, “sin ansiedad pero sí con convicciones claras y tenacidad”, con calma y cordura.
Este criterio también “es muy propio de la evangelización, que requiere tener presente el horizonte, asumir los procesos posibles y el camino largo” (EG, 225). Esperar la acción del Espíritu Santo, la de la Palabra de Dios.
2. La unidad prevalece sobre el conflicto. Es necesario este principio, para construir la “comunión en las diferencias”, “la amistad social”; pero eso sí, asumiendo el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso (EG, 226).
Dice nuestro santo Papa que “este criterio evangélico nos recuerda que Cristo  ha unificado todo en sí: cielo y tierra. Dios y hombre, tiempo y eternidad, carne y espíritu, persona y sociedad. La señal de esta unidad y reconciliación de todo en sí  es la paz. Cristo es nuestra paz” (Ef 2, 14).
Hay una frase muy hermosa que no puedo pasar por alto: “diversidad reconciliada”, enseñanza de los Obispos del Congo (EG, 230).
3. La realidad es más importante que la idea. Como la realidad es y la idea se elabora, se hace imprescindible un diálogo permanente entre realidad social  e idea. Razonar esa realidad, verla con “objetividad armoniosa”. De otro modo se manipula la verdad (EG 232).
No ver objetivamente la realidad social, hace que el pueblo no siga al dirigente político o religioso. Porque no los comprenden. Hacen un discurso de una racionalidad ajena a la gente. Hay que encarnar la Palabra con esa realidad. Llevarla a la práctica con obras de justicia y de caridad  para que sea fecunda. No hacerlo de esa manera es quedarnos en la pura idea. “En esto conoceréis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios” (1 Jn 4, 2) (EV, 233).
4. El todo es superior a la parte. Una persona no se anula por integrar cordialmente una comunidad, siempre habrá nuevos estímulos para su propio desarrollo. Integrarnos como locales a la globalización nos hace ampliar la mirada, nos enriquece, nos convierte en integrales.
El evangelio que se nos envía a predicar es de totalidad o integridad.  No termina de ser Buena Noticia  hasta que no es anunciado a todos, hasta que no fecunda y sana todas las dimensiones del hombre y hasta que no integra a todos los hombres en la mesa del Reino. El todo es superior a la parte. (EG, 237).

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Juan Manuel Estrada
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