martes, 22 de febrero de 2011

El caso Mubarak

“Líbrame Señor de mis necesidades” Kempis.
Entre menos sean las necesidades se es más libre. No hay que caer en la dictadura del consumismo.
Yo sostengo que, cuando se implantan regímenes de fuerza, de fondo lo que los anima es el ansia desmedida por la riqueza. De allí, que lo que hacen es eliminar la libertad del hombre, principalmente, la de expresión y de información.
Es oportuno citar al obispo auxiliar de Managua, Mons. Silvio Báez, quien afirma que “privar a una sociedad de la información completa y veraz de lo que acontece, es atentar contra la democracia, por eso es que en los regímenes totalitarios lo primero que hacen es coartar, es cercenar la libertad de prensa y de expresión” (La Grey Zuliana del 18 al 24 de febrero de 2011. Pág.2).
Son gobiernos que se caracterizan por ser violentos, represivos y por concentrar el poder.
La concentración del poder es en función de empobrecer a las grandes mayorías. Hacerlas esclavas de necesidades que no pueden satisfacer.
Para lograr lo antes expuesto, se estructuran “modelos”, por ejemplo, el modelo chino: comunismo – capitalismo salvaje (éste último condenado por Juan Pablo II).
Comunismo para ahogar la libertad, para que no hayan protestas sociales, partidos políticos, sindicatos, ONGs, colegios profesionales… Comunismo para tener un proletario esclavo, afirmándose que es el que gobierna (gobierno del proletariado).
¿Qué otras cosas terribles hacen esos regímenes?
No permiten que un Premio Nobel salga a recibir su premio. Lo encarcelan.
Impiden que una “twittera” salga de la isla para recibir premios internacionales.
Son capaces de encarcelar a la disidencia valiéndose de cualquier argucia o arbitrariedad.
Todo se concentra en el Estado ¿verdad? No; se toma aquél para simular. Todo – incluyendo la riqueza – se concentra en manos de un solo individuo, o en su familia o en una élite de favoritos suyos.
El comunismo – capitalismo salvaje no quiere que haya separación de poderes, ni estado de derecho. Desea un dictador que garantice sus intereses. Estos pueden quedar incluidos en esa élite privilegiada.
Se niega la propiedad privada a sus nacionales o gobernados. A éstos hay que doblegarlos a juro.
La familia sufre las consecuencias de la creciente pobreza y el desempleo. La carencia de viviendas, obligan al hacinamiento. Los jóvenes no pueden contraer matrimonio por la falta de viviendas.
La riqueza – explica San Basilio – “es como el agua que brota cada vez mas pura de la fuente si se bebe de ella con frecuencia, mientras que se pudre si la fuente permanece inutilizada” (DSI Compendio No. 328).
Los bienes tienen que estar al servicio de la liberación integral del hombre, liberación de la necesidad pero también de la posesión misma. “Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero…” (Tm 6,10), es el afán de hacer riqueza, que está en pocas manos y con un pueblo miserable (Caso Egipto de Mubarak).

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Juan Manuel Estrada
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