domingo, 18 de abril de 2010

Jesús vino a dar la vida por los demás

“De levante a poniente es grande mi fama entre las naciones, y en todo lugar me ofrecen sacrificios y ofrendas puras, porque mi fama es grande en las naciones” (Malaquías 1, 11)
Para afianzar su identidad y fortaleza, el cristiano católico, debe recurrir a la vida de los Padres fundadores de la Iglesia y quienes, después de un sacrificio trascendental para la salvación de la humanidad, a través de la tradición, fueron formando el Nuevo Testamento y la Iglesia.
El cristiano católico recordará, en un recorrido desde la historia de la salvación, que los primeros cristianos - los apóstoles - acudían a la llamada “hora nona” (4 p.m. en la hora nuestra) a orar. Lo hacían en la sinagoga judía y allí, bajo el ritual judío, cantaban salmos, se leían resúmenes sobre lo que, sobre la vida y la predicación de Jesús, se había escrito, constituyendo todo esto fuente de inspiración para los escritores sagrados formadores del Nuevo Testamento y de la Iglesia.
Esos escritores, los sinópticos por ejemplo (Mt., Mc. y Lc.) tuvieron esa fuente, preferentemente oral, de inspiración, para hacer los Evangelios.
¿Cuál fue ese sacrificio trascendental para la humanidad? ¿Qué significó para ella? ¿Qué lecciones dejó para y por siempre?
Sin duda, que el cristiano al leer la Sagrada Escritura (La Biblia), ésta le responderá.
Al estudiar el Antiguo Testamento se encontrará con los sacrificios de corderos que se hacían a la hora de la oración y constatará que esos sacrificios van a ser sustituidos por el sacrificio mas grande y extraordinario que conoce la humanidad. La carta de los Hebreos dice: El Mesías “mediante sangre no de cabras y becerros, si no la suya propia entró de una vez para siempre en el santuario, consiguiendo una liberación irrevocable” (Hebreos 9, 12). El sacrificio de Cristo en la cruz sustituye a todos los sacrificios del Antiguo Testamento y se ofrece para la salvación no solo de los judíos si no también de todos los hombres.
¿Qué significa para la humanidad este sacrificio? Que Jesús fue capaza de dar la vida por todos para la salvación, ¿Puede haber una lección mas grande que ésta? El cristiano sentirá una interpelación permanente a su conciencia, y pensará si su vida es de sacrificios por el bien de los demás. Su conciencia le dirá que hay que amar al prójimo como lo amo Jesucristo. Pensará si su fe es de aceptación de la revelación de Dios y si su fe tiene obras. Apelará a Santiago 2, 14 – 26 que dice: “hermanos míos, ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe si no tiene obras? ¿Podrá salvarlo la fe?

lunes, 12 de abril de 2010

Democracia económica o una economía mas humana

Formulo una declaración: Nada de lo humano me es ajeno.
Es muy difícil que no sea así, por la cada día más creciente interdependencia entre los pueblos del mundo. La velocidad de las comunicaciones lo permite. No nos puede ser indiferente el dolor humano y la injusticia, por lejano o cercano que sea el escenario geográfico donde ocurra. Y dejo claro, también, que no sólo por las comunicaciones conocemos al ser humano. Conociéndose uno a si mismo, conoce al semejante.
Nos debe mover constantemente, como hombres de fe y de razón, la conciencia hacia una transformación del corazón, de uno de piedra por uno de carne (Ez 36, 26), o de un cambio de actitudes espirituales que, como afirmara Juan Pablo II, en Centesimus annus, definan “las relaciones de cada hombre (religioso o no, pero persona de buena voluntad) consigo mismo, con el prójimo, con las comunidades humanas, incluso las más lejanas y con la naturaleza, y ello en función de valores superiores”.
Esos valores son: bien común, pleno desarrollo de “todo el hombre y de todos los hombres”, como, felizmente, expresara Pablo VI, en Populorum progressio.
La democracia económica no puede ser lograda sino existe solidaridad en sus ejecutores, y si a éstos, no les duele la suerte de los demás. Ello comporta un cambio o “conversión espiritual”. De actuar movidos por la ética, la honestidad, la transparencia, la responsabilidad social y la solidaridad en el ejercicio de la actividad económica.
Benedicto XVI en su Encíclica Cáritas in veritate afirma que, la actividad económica como “actividad del hombre y precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente”.
La actividad económica realizada en un ámbito compuesto por tres instancias – mercado, Estado y sociedad civil – necesita la solución de graves problemas sociales que existen en el mundo de hoy, en el malestar de los pueblos ante una globalización sin alma y sin reglas.En esa actividad, principios, como el de la gratuidad, no puede ser ajeno. La caridad en la verdad es su expresión. No es opuesta al beneficio, sólo que éste debe llegar a todo necesitado. El lujo debe disminuir en aras de la felicidad de todos. Parece que el mundo necesita más de Jesucristo resucitado.

domingo, 4 de abril de 2010

La Fuerza del Espíritu Santo

“Más el Consolador, el Espíritu Santo, que mi Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo. Y les recordará cuántas cosas les tengo dichas” (Jn 14, 26).La breve vida pública de Jesús fue siempre de enseñanza de la Palabra del Padre que lo envió. Lo hacía con oración - Él oraba sin cesar -, con parábolas, con arte polémico y con obras (milagros). Hacía con su enseñanza, la demostración de cómo se debe ejercer la fe.
El predicaba con su ejemplo y lo hacía, no sólo con sus discípulos, porque Dios es para todos.
Al estar vivo, a la Palabra la acompañaba su Espíritu. Cumplía a cabalidad el plan salvífico de Dios, que, al enviarlo, hizo que asumiera nuestra naturaleza pecadora, sin ser Él, pecador, para llevarla a la salvación con su crucifixión, su resurrección y su ascensión donde el Padre.
Con esa salvación de la naturaleza humana, reivindicando a Adán, nos llevó de nuevo a la vida eterna que, lograremos, siguiendo la Palabra de Dios, cuyo conjunto de mandatos constituye la verdadera sabiduría.
Jesús sabe que tiene que ser sacrificado y, con su infinita misericordia de Maestro, piensa en sus discípulos, que, tristes, temen a la soledad que, al morir, les dejará. Y les hace una promesa: Mi padre les enviará otro abogado (Jn 14, 16), el Espíritu Santo, para enseñarles todo y recordarles cuantas cosas dejó dichas(Jn 14, 26).
El evangelista Lucas nos dice con profusión de detalles, como no lo hace ningún otro autor sagrado, cómo será esa venida del Espíritu Santo en cumplimiento de esa promesa de Jesús (Hechos de los Apóstoles 14, 1-13).
Lucas introduce un acontecimiento que marcará por siempre a la Iglesia: La venida del Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.
Es una fuerza, es un viento recio, que, a partir de ese momento - en el día de Pentecostés - poseerá a los apóstoles y a todos los de ayer, los de hoy y mañana que seguimos la Palabra de Nuestro Señor Jesucristo.
Es una fuerza que se expresará en todas las lenguas o idiomas del mundo para que el Mensaje de Jesucristo pueda llegar a todos los confines de la Tierra.
Pero me pregunto ¿Que hubiera sido de Cristo si no existiera el Espíritu Santo? ¿Cuál hubiera sido el destino de la Iglesia sin el Espíritu Santo? ¿Qué hubiera sido de la evangelización sin el Espíritu Santo? ¿Qué hubiera sido del trabajo pastoral sin el Espíritu Santo?
Respondo diciendo que la venida del Espíritu Santo hizo de Cristo un personaje del presente y del futuro; de la Iglesia una sólida institución que nada ni nadie la destruirá; que el evangelio es para formar cristianos y captar a otros para convertirlos; y que el trabajo pastoral es pastoral y no actividad sin espiritualidad.
El Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús y el lugar de su presencia es el interior del hombre y de la mujer, desde donde ilumina e impulsa. Sin el Espíritu Santo nada somos, por eso, cada día, digo: Ven Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu Amor y se renovará la faz de la Tierra.