martes, 9 de junio de 2015

"Paz en la tierra a los hombres que Dios ama"

“Porque ante Dios tiene más importancia la buena intención y el afecto con que se hacen las cosas, que las cosas que se hacen… que la magnitud de las cosas” Tomás de Kempis.
Siguiendo al autor citado, digo con él que “lo que se hace por amor a Dios o amor al prójimo, por pequeño o humilde que sea, es siempre fructuoso y muy meritorio”. No perder ocasión alguna de hacer el bien. “Dios ama a todos los hombres y mujeres de la tierra y les concede la esperanza de un tiempo bueno, un tiempo de paz” (San Juan Pablo II año 2000).
A los que trabajan por hacer el bien, Jesucristo los llama “dichosos” (Mt 5, 1 y ss: bienaventuranzas).
Cristo es el fundamento de la paz universal y se alegra por su Iglesia que, todos los días, ora por la paz. El se contenta con lo mucho, poco o poquito que con amor, hagamos por la paz, a tiempo y a destiempo. Yo creo que es una prédica que no encaja en eso de a tiempo y a destiempo. Hay que hacerlo siempre, sin cesar.
No es llamando a masacres y muertes ante los fracasos. Es aceptar la realidad y pedir perdón por ellos, y por todo el daño que se haya cometido y se siga cometiendo. En un gobernante es más exigente esa actitud de humildad. Un llamado de esa criminal naturaleza puede revertirse en quien lo haga.
No debemos desanimarnos ante lo difícil que es lograr la paz. No perdamos la esperanza porque ella es posible. No permitamos el señorío del pecado, del odio y de la violencia. Mantengamos la lucha por la paz en nuestros corazones, oremos por ella e irradiemos la paz en nuestra presencia social desde uno mismo y desde la familia.
San Juan Pablo II nos dijo que “frente al escenario de la guerra – se refería al siglo XX horroso en cuanto a crímenes de guerra – el honor de la humanidad ha sido salvado por los que han hablado y trabajado en nombre de la paz” (Mensaje, n 4). Que no han cesado de afirmar los derechos humanos y su solemne proclamación, la derrota de los totalitarismos, de los colonialismos y por la victoria definitiva planetaria de la democracia. Han creado nuevos organismos internacionales y robustecido los existentes para la conciencia universal del valor de la no violencia y de cómo la guerra destruye.
Economías que crecen por fomentar las guerras destruyen y han de ser condenadas por la humanidad. Lo hacen, no pocas veces, para dominar y explotar a los demás.
“Con la guerra, la humanidad es la que pierde. Sólo desde la paz y con la paz se puede garantizar el respeto a la dignidad de la persona humana y de sus derechos inalienables” (Mensaje 1999).
La paz a escala planetaria, exige una nueva economía, un nuevo concepto de desarrollo, o nuevo modelo, que garantizando el desarrollo humano integral, garantice que las desigualdades graves e hirientes, disminuyan o sean eliminadas, para que haya convivencia. El diálogo ha de ser universal. Que sea bajo el imperio de la ley moral “inscrita en el corazón humano”. Es manera de alcanzar la convivencia y moverse hacia mañana respetando el designio divino (Juan Pablo II y su discurso con motivo de los 50 años de la ONU, 5 de octubre de 1955, n. 3).
Es un compromiso generoso de todos, en especial de nosotros los católicos. Construir la paz, es esencial, no es secundario. Debemos involucrar a todos los hombres y mujeres de otras religiones, de buena voluntad. Lo dice Juan Pablo II.

martes, 2 de junio de 2015

La mujer, educadora para la Paz

“La mujer es esperanza de la paz”
La angustia por la paz llevaba, a nuestro recordado, admirado y respetado Papa Juan Pablo II, a expresarla. No es aventurado afirmar que, no obstante, las guerras y todo tipo de violencia que siguen atormentando a la humanidad, seguimos, junto al hoy Santo, confiando en que, pronto, habrá el inicio de una era de paz fundada, según frase del Papa Pablo VI, en la “civilización del amor”. El llamado para todos es a “colaborar con renovado empeño en la promoción de la paz”.
El 1 de enero de 1994 – parece que fuera ayer – insistía en el respeto prioritario de la dignidad del hombre como persona, portador de derechos y deberes universales e inviolables. ¿Llegará el momento de extinción de los dictadores? Tengo un criterio sobre éstos que, al final de estas notas, citaré y compartiré con mis desocupados lectores, como decía el destacado historiador venezolano Manuel Caballero.
Yo no me siento iluso ni utópico por proclamar o promocionar la paz; todo lo contrario, sé que la paz es posible, no es una quimera. La mujer va a seguir jugando un papel clave, ahora protagónico en la promoción y defensa de la paz en la tierra. Son muchas las que vienen actuando en esa dirección.
El santo Papa Juan Pablo II, quizá viendo la actuación de las mujeres por la paz, arriesgando, incluso, sus vidas, dirigió su mensaje de paz en 1994, en especial, a las mujeres, pidiéndoles ser educadoras para la paz, en la familia, en la vida cultural, social y política de las naciones, “que puedan continuar el camino hacia la paz ya emprendido antes de ellas por otras muchas mujeres valientes y clarividentes”, imbuidas de valores tales como la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Es un proyecto que dura toda la vida.
La mujer puede hablarle de amor y paz al niño en su claustro desde que lo concibe. Puede aprovechar la almohada para hablarle de paz al esposo, hasta puede hacer una huelga de… ¿Lo imaginan?
La mujer-madre es educadora de la paz en sus hijos. En esos hombres y mujeres que van a ejercer todo tipo de funciones en la sociedad: militares, policías, maestros, jueces, fiscales, profesionales, etc.
Todo estamos obligados a construir la paz. La Iglesia Católica podría constituir escuelas parroquiales de paz. Toda institución educativa hacer lo mismo. Los medios de comunicación social reservar, con obligatoriedad voluntaria y ética, espacios para la promoción diaria de la paz. En el Instituto Universitario Fe y Alegría, de San Francisco, en su sede, efectuamos un foro sobre la paz el 9 de diciembre del pasado año. Quedé admirado como unos niños explicaban de manera práctica cómo se logra la paz. Se alimentó mi esperanza por la paz y su posibilidad.
La dignidad de la mujer hay que defenderla. Ellas están llamadas a desempeñar una misión insustituible en la educación para la paz.
Ya he sostenido que la familia – Padre y Madre de las manos – es la “primera y fundamental escuela de la paz, escuela de socialidad” (Familiaris consortio). Las familias necesitan ser ayudadas adecuadamente mediante estructuras de apoyo humano, social y económico para satisfacción de sus necesidades, sin ser privados excesivamente de su presencia indispensable. No hay que discriminar a la mujer impidiéndoles su inserción social y su función insustituible dentro de la familia.
Mujeres unidas en defensa de la paz. Recuerden que los dictadores “presumen y se envanecen ante el mundo, pero en sus corazones hay miedo reprimido. Son temerosos…” y lo que él hizo a otros puede que, usualmente, se lo hagan a él” (CHURCHILL).
María danos la paz y llena el corazón de las mujeres de tu espíritu de Madre que llevaste en tu seno a Jesús. Tú lo educaste para que llegara a ser el “Príncipe de la Paz”. Amén.

martes, 26 de mayo de 2015

Ante la Teología de la Liberación

“La verdad os hará libre” (Jn 14, 6).
Siendo Joseph Cardenal Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe – hoy nuestro santo Papa Emérito – publicó, dos Instrucciones contra “las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana”: Libertatis nuntius y Libertatis conscientia. Obviamente, contaron con la aprobación del santo Papa Juan Pablo II.
Agradezco, a Alfredo Michelena, su extenso e interesante trabajo periodístico, titulado, Francisco frente a la Teología de la Liberación, publicado, en ZETA, muy cercanamente a la entrevista que, el Pontífice actual, concediera a Raúl Castro, marxista-comunista confeso que, junto a su camarada hermano Fidel, líder de la llamada Revolución Cubana, persiguieran a la Iglesia Católica en la Isla (Párrocos exiliados, fieles perseguidos, sin Navidad ni Semana Santa, porque eran, según ellos, el “opio de los pueblos”) y que es preciso analizar para evitar presuntas y hasta calculadas “confusiones”.
La Iglesia Católica sigue el Evangelio de Jesucristo, que es mensaje de libertad, liberación, olvido y perdón. Está clara de que, en los hombres y mujeres del mundo de hoy, hay “conciencia de la libertad y de la dignidad del hombre, junto con la afirmación de los derechos inalienables de la persona de los pueblos” (Libertatis conscientia No. 1). Advierte siempre sobre seguimientos a corrientes de pensamiento y acción que, en vez de liberar al hombre de esclavitudes, miseria, pobreza, opresión, lo hunden aún más en regímenes basados en concepciones individualistas y colectivistas, en estas últimas, las marxistas que promocionan y ejecutan la lucha de clases, la violencia, el odio, la guerra, la falsedad y la mentira, suprimiendo la libertad y la dignidad del hombre.
La peor de las esclavitudes es la del pecado. La liberación es ante todo liberación radical del pecado. Su fin y su término es la libertad de los hijos de Dios, don de la gracia, creados a su imagen y semejanza. Las múltiples esclavitudes – esas que producen desigualdades hirientes, de una injusta distribución de la riqueza – derivan del pecado e impiden al hombre vivir según su dignidad.
La Doctrina Social de la Iglesia tiene entre sus principios la “opción preferencial de los pobres”; la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del santo Papa Francisco dedica un capítulo casi entero a la cuestión social y el interés ante ésta de la Iglesia y ubica “en lugar privilegiado a los pobres en el pueblo de Dios” (EG números 197-201; 186-216), respondiendo así, con auténtico valor evangélico “a la opción preferencial por los pobres”.
La Iglesia promueve el diálogo, en sus distintos tipos o matices, y dialoga buscando la paz como valor supremo para el progreso de los hombres y de los pueblos. Lucha porque todos los cristianos asumamos un compromiso de lucha por la justicia, la paz, la libertad, la libertad religiosa, el bienestar espiritual y material, por la inculturación del Evangelio, que es instrumento de Jesucristo, Príncipe de la Paz.

Nota: ZETA del 13 al 21 de mayo de 2015. En ese reportaje se afirma que de haber sido “anatema” – la Teología de la Liberación – pudiera ser reivindicada si se deslastra del marxismo, y que “parece haber tenido un origen ligado a la KGB” (Servicio Secreto de la Unión Soviética), para exportar el comunismo a Latinoamérica “con el auspicio de los Castro”. #TeologíaDeLaLiberacionAcordeConElEvangelioDeCristo