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viernes, 11 de enero de 2013

No opinar precipitadamente

Ven a mí, Espíritu Santo en este momento, iluminame en todo instante. Posate sobre mí. Dame prudencia para hablar. Escuchar mucho, consultar e informarme siempre.
Debo evitar opinar precipitadamente. Ni por simpatía ni por antipatía, ni porque sea bueno o sea malo, porque tanto la una como la otra ciegan la razón. ¿Qué hacer? Silencio.
¿Qué otra cosa? Meditar.
¿Además? Buscar mucha información y hacer muchas consultas.
Hay que darse tiempo para juzgar ya sea un objeto, una situación, una acción, un libro, una obra, etc.
Mi amada esposa invoca al Espíritu Santo para que ponga en su boca las palabras y acciones oportunas ante una situación y le resulta.
Hay que recurrir a la oración. Jesús, con frecuencia, se apartaba del bullicio de las muchedumbres y se iba al monte a orar, a dialogar con Dios, en soledad y en silencio, y salía fortalecido.
Si de algo debemos huir es del apasionamiento, mas en momentos de pasiones encendidas o de violencia. Hay que analizar y conocer bien lo que ocurre para que el entendimiento sea libre, y proceda la razón. Es tiempo de prudencia, que no de cobardes ni de violentos.
Todo tiene su momento, su tiempo y su lugar. Hay que evitar los disparates que nada bueno dejan, y no pocas veces, dolor.

viernes, 2 de febrero de 2007

La Palabra. Fe y razón

Pongo Fe de primero; con minúscula y de segunda, la razón.
Santo Tomás de Aquino ofrece un modelo válido de armonía entre razón y fe, que son dimensiones del espíritu humano, que se realizan plenamente cuando se encuentran y dialogan.
Santo Tomás sostenía que la razón humana respira, se mueve en un horizonte amplio, abierto, en el que puede experimentar lo mejor de sí misma. Sin embargo, cuando el hombre se limita a pensar sólo en objetos materiales y experimentables, se cierra a los grandes interrogantes de la vida, sobre si mismo y sobre Dios, se empobrece.
El considerar verdadero solo lo que se puede experimentar constituye un límite para la razón humana y produce una terrible esquizofrenia, evidente para todos, por lo que conviven racionalismo y materialismo, hipertecnología e instintos desenfrenados.
Es urgente, por tanto, redescubrir de una manera nueva la racionalidad humana abierta a la luz del logos divino y a su perfecta revelación que es Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre.
Cuando la fe cristiana es auténtica no mortifica la libertad ni la razón humana; entonces, por que la fe y la razón deben tenerse miedo, si al encontrarse y al dialogar pueden expresarse de la mejor manera?.
Todo lo antes expuesto, proviene de Benedicto XVI, mi admirado y respetado Santo Papa, al plantear una alianza entre fe y razón; y de la Encíclica ¨Fides et ratio¨, de mi otro Papa, Santo, admirado, respetado y siempre recordado, Juan Pablo II.
Fuente: Ecclesia digital. 28 de Enero de 2007